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Quiso ser cura, ejerció múltiples oficios, pero nunca pensó lograr renombre por un himno folclórico

La impactante historia de vida del juglar salteño Rubén Pérez

Rubén Pérez tiene 78 años y nació en El Tala, una población del sur salteño. Dejó el seminario religioso, trabajó en varios oficios, enviudó a los 33 años, vivió en España, recorrió el mundo y compuso casi un centenar de canciones. Alcanzó notoriedad por escribir a los 14 años “La Taleñita”, una zamba popularizada por figuras, como Las Voces de Orán, Chango Nieto y Chaqueño Palavecino, y que ahora es interpretada por Milo J, un verdadero suceso joven del folklore.

Rubén Jesús Pérez es salteño y tiene casi ocho décadas a sus espaldas. A lo largo de su vida decidió abandonar el seminario religioso, se desempeñó en diversos oficios (remisero, fotógrafo, cartero, cantor y técnico de teletipos), escribió y compuso casi un centenar de canciones, vivió un lustro en España y recorrió el mundo, como cientos de juglares criollos.

Pero nunca imaginó que “La Taleñita”, esa afamada zamba escrita y compuesta a los 14 años de edad, iba a aportar tantas satisfacciones en su vida. Es que, al poco tiempo de registrar en SADAIC, una formación de su provincia, “Las Voces de Orán”, no solo comenzó a interpretarla, sino que la presentó en el Festival Nacional de Folklore de Cosquín y luego la inmortalizaron en su primer disco. A partir de allí, la melodía sencilla y espíritu norteño hicieron que la zamba carpera fuera adoptada por el grueso del público.

Eso no es todo. Intérpretes populares, como el Chango Nieto y el Chaqueño Palavecino decidieron incorporar a su repertorio; la legisladora Macaria Choque instituyó el nombre de la canción a un pasaje del pueblo, y hasta el joven Milo J, un verdadero suceso actual del folklore (posee 5.8 millones de seguidores en Instagram), comenzó a cantarla en sus presentaciones multitudinarias, junto a Los Campedrinos. “Es un orgullo para mí que nuevas generaciones se hayan interesado por La Taleñita. Me llamaron para pedírmela, cuando estaba en España”, afirma orgulloso el escorpiano.

Hijo de un hombre multifacético (albañil, juez de paz, comisario y legislador provincial), y una ama de casa, Rubén Pérez nació en El Tala, (en la misma población salteña que la afamada escultora Lola Mora), límite sur con la provincia de Tucumán.

“He tenido una infancia muy feliz, con padres muy dedicados a la familia; a mis hermanos y a mí, nunca nos faltó nada, no éramos ricos ni nada parecido. A los 10 años gané un certamen de canto en mis pagos, que organizó un parque de diversiones. La primaria la cursé en la escuela de mi pueblo”, rememora el hombre que, a los 12 ya era monaguillo y los dos primeros años de secundaria los hizo en el Seminario Conciliar de Salta.

Con el paso del tiempo se dio cuenta que no era su vocación. “En el seminario estuve solo dos años. Pero adquirí valiosos conocimientos de la cultura greco-romana, a través del latín y el griego. Asimismo, aprendí guitarra, canciones, música, literatura, cómo escribir un poema y cómo hacer poesías; todo eso, me marcó muchísimo. No me arrepiento de no haber sido cura”, admite Pérez seis décadas después comentando que tuvo un breve paso por la Universidad Católica de Salta, en donde no pudo finalizar la carrera de Derecho.

Con todos esos conocimientos, una tarde calurosa de diciembre de 1961, mientras dibujaba acordes con su guitarra en el patio hogareño, le surgió la melodía y parte de la primera estrofa que se transformó en su obra cumbre: La Taleñita. “Siempre me preguntan ¿cuánto has tardado en escribir la canción? Contesto que no tengo idea. Pero me acuerdo que ha sido una cosa casi del momento. Capaz que tardé un día, dos, no sé, pero fue muy rápido”, responde Ruben sobre la zamba que retrata la belleza, la alegría y el encanto de una muchacha de su pueblo que lo había enamorado.

Tiempo después, el adolescente de 16 años comenzó a trabajar en el bar familiar, que su padre bautizó La Taleñita, curiosamente. Al mismo tiempo, con el auto de su progenitor llevaba pasajeros, dado el escaso transporte público en la zona. Cuando se presentaba la oportunidad, también hacía fotos sociales, con el equipo completo que había comprado. “En esa época no había fotos color, entonces las pintaba a mano”, revela sonriendo.

Cumplido los 22 años, Rubén Pérez fue designado cartero en San Ramón de la Nueva Orán. Sin dudarlo, recorrió los 270 kilómetros desde Salta Capital y se hizo cargo del puesto. Al cabo de unos días, contó que cantaba y tocaba la guitarra. De inmediato, fue invitado a participar en una reunión artística. No sabía que en ese club estaba Federico Córdoba, un joven de 18 años y líder de Las voces de Orán. Cuando lo escuchó cantar La Taleñita, Córdoba le preguntó: “¿Esa zamba de quién es?”. Como le respondió que era de su autoría, se la pidió.

Ese mismo año, Pérez conquistó un concurso de música en Radio Orán AM. “Ahí gocé el reconocimiento de toda la región. Me bautizaron como ‘El carterito cantor’. Así nació mi actividad artística como solista en Salta. Pero el apodo se perdió, porque luego de 7 años en esa ciudad, decidí abandonarla”, recalca el hombre que trabajó tres años como cartero y que luego pasó a ser técnico, con la llegada de los teletipos.

Pese a que estaba a gusto en el noroeste de la provincia, pidió el traslado a Salta Capital. Época en que se produjo la separación de Radio Nacional, que dependía del Correo. “Me pasaron como técnico de teletipos a la radio, en donde me jubilé, con el paso del tiempo”, acota.  

Tras conmemorarse los primeros 500 años de la llegada de los españoles a América, el artista salteño fue invitado a dar una serie de recitales poéticos musicales en España y otros países, como Italia.

Entusiasmado, se radicó cinco años en la península ibérica, en donde incursionó en el tango, los boleros y las canciones folclóricas sudamericanas. En la ciudad de Cáliz, grabó un disco de corte romántico, con la orquesta salteña “Los Géminis”.

Junto a una poetisa de la ciudad de Santiago de Compostela, escribió el libro “Poemas transoceánicos”, que fue editado por el Instituto Cultural Andino. Luego efectuó una gira por Francia, junto a Dino Saluzzi, Melania Pérez, Balbina Ramos y Lito Nieva.

Posteriormente, asistió al Congreso de la Alimentación, en la Universidad de Údine, Italia, acompañado por el poeta Eduardo Ceballos y su hijo Fabio Pérez, un destacado bailarín, malambista y artesano en cueros.

En su plano de cantor, Pérez jamás olvidará su paso por Los Trinares de Salta. “Fue un buen trío, inclusive grabamos un disco que tuvo amplia difusión en el mercado del folclore”, asegura.

Antes de la pandemia, junto al médico Sergio Macatta (ya fallecido), que siempre estuvo en cargos jerárquicos del gobierno provincial, formó el “Grupo Crepuscular”.

“Últimamente, grabé una canción, cuya letra me la envió una poetisa gallega, Chus Feteira (María Jesús), con la que tuve una relación sentimental durante cuatro años”, afirma el padre de cuatro hijos (tres mujeres y un varón) que enviudó a los 33 años por una mala praxis.

A los tres meses de ese trágico momento, Pérez comenzó a sufrir dolores en todo el cuerpo que derivaron en una artritis reumatoidea. Algo que produjo un alejamiento momentáneo del movimiento musical. Pero al ser consecuente con la atención de los especialistas, la enfermedad que no tiene cura, ahora está más controlada.

“La aparición de Luna Nieto en mi camino potenció la mejoría e inyectó las ganas de subir a los escenarios y seguir componiendo -remarca Rubén Pérez refiriéndose a la cantante e hija menor del Chango Nieto y concluye agregando-. Conocí al Chango y fui amigo de los padres de él, José y Doña María. Fui a visitarlos varias veces a la casa de La Plata. Luna todavía no existía. Por cierto, él me honró con su amistad”.

Para saber más del artista salteño, consultar su Instagram @rubenperezbubi