La Escuela de Robótica fue el escenario elegido por Carlos Rovira para su primera aparición pública del año. Como cada marzo, el inicio del ciclo lectivo es la excusa encontrada por el líder renovador para ejercitar el oído de sus funcionarios con nociones que, hasta hace no mucho tiempo, eran desconocidas para cualquier político misionero. Disruptivo, espacio maker, economía del conocimiento, inteligencia artificial son solo algunos de los conceptos que, a fuerza de repetición, ya empezaron a convertirse en jerga.
Desde su rol de gurú tecnológico, Rovira entrena a la troupe renovadora. Cada uno de sus “retiros estivales” trae nuevos elementos que terminan marcando el camino a seguir. Sin ir más lejos, una de las palabras que hoy más utilizan los funcionarios proviene de una de sus lecturas. ¿Cuántos militantes saben que la mentada política “binaria”, traducida como el cuidado simultáneo de la salud y la economía, tiene su origen en las teorías económicas del estadounidense Richard Thaler? Rovira lo citó a principios de 2020, apenas comenzada la pandemia. A partir de ese momento, el término se popularizó.
Las frases eruditas, con enunciados en latín y una constante referencia indirecta al mundo de las neurociencias, suelen combinarse con reflexiones filosóficas que harían sonrojar hasta al mismísimo Elon Musk. “¿Qué es el presente, comparado con el futuro o con el pasado? Es todo casi lo mismo, pensando en términos científicos. El presente es el futuro menos un nanosegundo. ¿El futuro qué es? Un nanosegundo después del presente, o sea ya. ¿Y el pasado? También, es un nanosegundo después del presente. O sea que vivimos en una convención entre pasado, presente y futuro”. ¡Plop!
¿Pero comprenden los funcionarios las enseñanzas que “el conductor” les derrama con tanta pasión? La mayoría apenas atisba a ponerle la oreja. Quienes siguen de cerca el denominado refresh están convencidos de que la formación política no es un activo que importe demasiado a las nuevas generaciones de renovadores. “Escalar en la función pública y hacer dinero parece ser hoy la única prioridad, algo que en mi época no pasaba”, desliza un viejo lobo de la política misionera.
A fin de cuentas, a la Renovación nunca le interesó generar una escuela de cuadros. Lo dicen explícitamente: nadie quiere pensar más allá de Rovira. Tampoco hay alguien que se anime a pensar con él. Rovira es considerado el cerebro, el propietario de un saber sin fisuras. Una especie de viajero del tiempo que aterrizó en Misiones y con quien cualquier diálogo de igual a igual resultaría imposible.
Las inquietudes teóricas de Rovira no lo llevan a descuidar ni por un segundo la mirada estratégica. Él es el primero en ser consciente del sacrilegio que significaría dilapidar el poder que tan bien supo tejer por mera jactancia intelectual. Por eso, ya logró lo más importante: hacer hablar a sus adversarios con palabras que él mismo inventó.
A su vez, la impronta “innovadora y disruptiva” de su liderazgo no deja de llamar la atención, pero por lo curiosa: la sola idea de construir una smart city en plena tierra colorada, como pretende el proyecto Silicon Misiones, descoloca a cualquier analista. En el horizonte, mientras tanto, se dibuja otro objetivo imaginado por su cabeza, uno todavía más ambicioso: insertar a Misiones en la nueva sociedad 5.0, que tiene a Japón como principal referente.
Rovira sabe marcar el ritmo de la Renovación en su actual etapa de consolidación hegemónica. El nuevo relato tecno-futurista le otorga al presente provincial un barniz singular. El misionerismo parece dejar atrás la preminencia de la simbología jesuítica para empezar a dar lugar a los imaginarios que se abren en el siglo XXI. Un Andresito cyborg con su lanza apuntando al espacio exterior y a punto de despegar.
Por Pedro Lacour para Misiones Para Todos

