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Siguen la pista de 1300 kilos de cocaína que salieron del puerto de Rosario

El cargamento, valuado en 40.000.000 de dólares, fue enviados a los puertos de Santos y Rotterdam

Dos cargamentos con un total de más de 1300 kilos de cocaína salieron en junio pasado del puerto de Rosario rumbo a Santos, Brasil, y Rotterdam, Países Bajos, determinó una investigación de la Procuraduría de Narcocriminalidad (Procunar), que ordenó la detención de cinco choferes y empleados de una firma que operaba en Terminal Puerto Rosario y que están sospechados de introducir en los contenedores la droga, valuada en 40.000.000 de dólares.

Esta investigación, que encabezaron los fiscales Diego Iglesias y Claudio Kishimoto, y el referente en Rosario de Procunar Matías Scilabra, terminó por confirmar que Rosario se convirtió en una ruta de salida de la cocaína por la Hidrovía. El viernes de la semana pasada la Policía Federal secuestró un cargamento de 1658 kilos de cocaína que estaba camuflado en expellets de maíz y tenía como destino España, y –según se presume- tenía como punto final Dubai. Se sospecha que ese cargamento iba a ser exportado por Terminal Puerto Rosario, según fuentes de la Policía Federal, pero no había certezas porque la droga –valuada en 60.000.000 de dólares- fue incautada antes de ser despachada.

El puerto de Rosario quedó bajo observación judicial por el movimiento de cargamentos de cocaína
El puerto de Rosario quedó bajo observación judicial por el movimiento de cargamentos de cocaína

En esta otra causa hay certezas de que el cargamento de estupefacientes iba a salir por Terminal Puerto Rosario, una concesión que está siendo operada por Vicentín y la firma chilena Ultramar. La investigación judicial determinó que desde Rosario salieron dos cargamentos de 568 y otro de 866 kilos. Y lo hicieron casi al mismo tiempo.

El primer embarque de maní llegó a Rosario el 21 de junio proveniente de General Deheza, Córdoba. En Terminal Puerto Rosario esa mercadería se cargó en seis contenedores y el 28 de junio se subieron al buque Maersk Bermuda, que tenía como destino el puerto de Santos, en Brasil. El barco hizo una escala antes en la terminal de Zárate.

En Santos fueron detectados 568 kilos de cocaína dentro de bolsos. La investigación apunta a que la cocaína fue cargada en los big bags de maní en Terminal Puerto Rosario. Lo que se sospecha es que se usó la metodología rip off. Es cuando se cambian los precintos de los contenedores y se introduce la droga. La cocaína se habría cargado dentro del contenedor después de que pasó por el escáner de la Aduana.

Según las filmaciones aportadas por le empresa portuaria, que cotejaron los investigadores, el 24 de junio, tres días después de que el contenedor llegara a la terminal, ingresaron tres camiones a la zona portuaria de la empresa que se dirigieron hacia el lugar donde estaba la carga de maní. Entre las 22.48 y las 22.52 inexplicablemente se interrumpió la filmación de las cámaras de seguridad. Cuando se reanudó la filmación uno de los camiones estaba en el portón de ingreso de TPR. Se presume que en ese momento se produjo la “contaminación” del contenedor.

El 31 de agosto llegó una denuncia anónima a la Aduana en la que señalaba que en otros dos contenedores habrían salido de Terminal Puerto Rosario 866 kilos de cocaína con destino a Rotterdam, donde se secuestraron unos 361 kilos primero y luego otros 505 kg.

Los investigadores le pidieron información sobre los ingresos y egresos a la empresa portuaria, que los entregó parcialmente. Esa droga fue cargada, de acuerdo a la investigación, en Rosario el 25 de junio, en momentos en que también estaba el otro cargamento que fue secuestrado en Santos.

El 29 de junio el contenedor donde se cargó la cocaína tuvo un movimiento dentro del puerto que no está registrado por la compañía. El contenedor con la droga fue embarcado el 3 de julio en el buque Argentina C. A través de las fotografías de los precintos quedó en claro que también había sido abierto después de los controles, y en ese momento lo contaminaron con la carga de cocaína.

Por Germán de los Santos-La Nación