Misiones Para Todos

Superó tres cáncer de mama y dos pérdidas dolorosas mientras perseguía su sueño: la mujer que se recibió de médica a los 65 años

María Ángeles Yossi redirigió su vida a los 55 años cuando su esposo la motivó a que se inscribiera en el CBC de medicina. Una década le demandó recibirse. En ese lapso, cursó su segundo y tercer cáncer de mama, su madre enfermó y murió, al igual que su marido. En un nuevo capítulo de Voces, el camino emprendido por una mujer que comprendió que peor era no haberlo intentado: “Soy una loquita que lo hice porque quise y lo volvería a hacer”

María Ángeles Yossi tiene 65 años y pronto empezará un nuevo trabajo. Ya fue profesora de enseñanza primaria, cosmetóloga, maquilladora y mientras administra la farmacia que era de su pareja, se prepara para ejercer lo que le demandó diez años de estudio. A los 55 años se lanzó a cumplir un viejo anhelo, a saldar la profecía de su mamá, que luego de terminar la secundaria le aconsejó que debía estudiar medicina. Algo había advertido esa sabia mujer. Tan intrínseca era esa pulsión que perduró anestesiada y viva durante más de cuatro décadas en el arcón de sus proyectos. “Y probá, sino no vas a saber nunca”, bastó que le dijera su pareja para que fuera a inscribirse en el CBC.

Su historia no solo es la de una mujer que deseó convertirse en médica a cinco años de jubilarse, que se recibió con honores, que festejó en la plaza con cotillón, espuma, serpentina y sesenta invitados, que espera la matrícula y el diploma, sino la de una enferma de cáncer de mama una, dos y tres veces, la hija de una mamá que se enfermó y murió, la esposa de un hombre que se enfermó y murió, la pareja de otro hombre que se enfermó y murió. Hubo diagnósticos y pérdidas mientras cursaba la carrera, mientras preparaba materias para aprobar.

“Fueron mis mentores, mis pilares”, recuerda. Roberto, su esposo, la iba a buscar a la facultad y enfermo se enojaba con ella cuando priorizaba su bienestar antes que su carrera. Dolly, su mamá, le decía “doctora Angie” antes de que fuese tal. Dos afecciones arrasaron mientras ella los acompañaba no solo desde la congoja, sino desde el conocimiento. “Cada tema que leía, cada tema que estudiaba, se me venía algo de cualquiera de los dos. Fueron dos muertes en un año y medio, muy seguidas, muy fuertes”, relata. En el medio, su vida, sus propias enfermedades, su propia proyección. La que empezó en una infancia feliz, en una adultez plena, en un amor arrebatado. “Me casé a los 32 años con un señor muy bueno: Hugo, maravilloso -dice-. Me tenía como una nena mimada porque me llevaba 15 años”.

Cuando le dijeron que no podía ella fue por más: La historia de la Dra Angie.

—¿Y qué hacías en esa época de tu vida?

—Cosmetóloga, maquilladora. Anteriormente había sido profesora de enseñanza primaria. Empecé el colegio chica, a los 5 años. Porque antes no era tan estricto. Y yo cumplo en julio, pude entrar con 5 años. A posteriori de eso, me enteré cuando estaba en sexto grado de que se podía dar un grado libre. Dije “¿qué es dar un grado libre? Lo voy a dar”. Entonces estaba en sexto grado y pasé a primer año, di séptimo libre. Con 11 años empecé a cursar primer año. Por lo tanto, terminé con 16 recién cumplidos. Me recibí de bachiller docente.

—¿Cuando te recibiste en la secundaria el sueño cuál era?

—No lo tenía muy claro. Yo creo que ahí es donde se notaba la inmadurez. Porque imaginate qué chiquita me recibí. No repetí ningún grado, ningún año, nada. Y algo había en mí, y eso se lo debo a la profesora de anatomía. Nilda de Alcol, una genia. Es el día de hoy que me acuerdo todos los diagramas que hacía en el pizarrón, todos los esquemas. Y era algo que todos se preocupaban y a mí me surgía fácil. Pero cuando terminé el secundario mi mamá qué me dijo “vos tenés que seguir para médica”. “No mamá, una carrera tan larga. Siete años en la carrera, no, no, no”. ¿Qué hice? Profesorado de enseñanza primaria, dos años y medio, cumplido.

—¿A chicos de qué edad les dabas?

—Estuve trabajando en el Instituto Megli bastante tiempo en distintos grados, pero me gustan más los grados chicos. Eran espectaculares porque ya en ese entonces tenían unas salidas bárbaras los chicos, imaginate ahora. Y bueno, entonces dejé. Pero siempre había algo en mí, porque vos me preguntaste si era el sueño. No era el sueño total, pero había algo en mí que vos me decía… “por qué a Fulanito le pasó esto y esto”, y yo investigaba. Acordate que antes no estaba Google pero investigaba, preguntaba. Quería saber algo más de la enfermedad que tenía otra persona. Cuando fui creciendo, cada vez más me interesaba, me interesaba, hasta que un día dije “¿y por qué no voy a hacerlo?”.

—¿Fuiste feliz con Hugo?

—Muy feliz. Era su nena mimada. Sí, muy feliz. Pero lamentablemente falleció. 14 años estuvimos casados, sí. Ocho años de novios, sin convivir, y después 14 años casados.

—¿Fue una decisión no tener hijos?

—La propuesta fue de él pero honesta porque lo hizo ni bien empezamos la relación. Cuando nos pusimos de novios él me dijo “no quiero tener más hijos, soy muy jovato”. Pero yo lo amé tanto que acepté, acepté no ser madre. Digo bueno, está bien, pero yo te tengo al lado mío y bueno. Fuerte.

—14 años de amor. ¿De qué se murió?

—Y él estaba con una enfermedad. Un año antes de casarnos le habían hecho cinco bypass coronarios y estaba con una enfermedad bastante importante cardíaca. Después de los bypass vivió más de 10 años, que en esa época era un montón. Y bueno, un día no se sintió muy bien y partió.

"Mi mamá qué me dijo 'vos tenés que seguir para médica'", recuerda Ángeles.

—¿Y vos en ese momento qué hacías?

—En ese momento yo trabajaba en casa, tenía el gabinete de cosmetología y maquillaje. Hacía eso, pero ya te digo, como era bastante mimada más que eso no hacía, lo atendía a él y lo mimaba a él.

—¿Vos de salud estabas bien?

—Hasta ahí sí.

—¿Y un día qué pasó?

—Cuando él fallece, a los pocos meses me voy a hacer el control porque se me terminaba la obra social de él. No tenía convenio, se me terminaba. Yo me sentía bárbara, más allá de lo sentimental. Me fui a hacer los controles y me aparece mi primer cáncer de mamá.

—Vos 40 y cortos.

—45, 46 años. Me apareció mi primer cáncer de mamá. Cirugía, rayos, todo el tratamiento. Fue duro. En ningún momento dije “ay, por qué a mí”. No, lo enfrenté. ¿Qué hay que hacer para estar mejor? Fue duro porque un pedazo de mí no estaba, pero tenía a mi mamá que eso era muy valioso. El apoyo de una madre es… y más mi mamá que era una reina total. Tenía hasta el nombre de diva: de nombre se llamaba Dolly, como muñequita en inglés, y apellido Mar. Dolly Mar. Una diva. Y una adelantada aparte. Me supo contener, igual que toda mi familia, mis amigos.

—¿Sabías a qué te ibas a enfrentar?

—Sabía, siempre que me decían algo de una enfermedad empezaba a buscar. Hay que darle. Lo importante es saber qué se puede hacer para estar mejor. Vamos.

—Y esa mujer que era mimada y a la que trataban como una princesita, ¿tuvo que salir a hacerse cargo de cosas para las que no estaba preparada?

—No, no estaba preparada para nada. Aparte fue después una sucesión problemática. Porque trataban de sacarme todo lo posible. Yo estaba casada legalmente, pero siempre hay cosas que… Pero no importa, lo material fue. ¿Quedé mal económicamente? Sí, quedé mal económicamente, quedé mal de salud y quedé mal en todos los aspectos.

Poco después de la muerte de su primer esposo detectan el primer cáncer.

—Lo digo, por supuesto, desde el lugar de la pérdida, la tristeza, la enfermedad y salir a tener que resolver cosas desde lo económico. Vos no eras quien sostenía en ese momento.

—No, totalmente. Por eso tuve que empezar a buscar más trabajo. Volví a trabajar a una perfumería que había sido de un novio mío cuando éramos jóvenes, Roberto. Me dio allí un lugar para trabajar. Habíamos sido novios. Yo estaba viuda, él estaba divorciado y nos unimos nuevamente.

—Antes de llegar a ese amor, te quiero preguntar… ¿Cómo transcurre el tratamiento del cáncer?

—No me tuvieron que dar quimio en ese momento, solamente las pastillas que son por cinco años. La cirugía primero. Consideraron que con los rayos estaba bien, a pesar de que me sacaron los ganglios y axilares.

—¿En algún momento te quedaste tranquila? ¿Volvió la sensación de salud al cuerpo?

—Cuando terminé los rayos. No sé si realmente volvió al cuerpo, pero sí a la mente. Bastante importante como para sobrellevarlo.

—¿Y ahí cuándo empezás a trabajar en la perfumería?

—Menos de dos años, porque no daba para más lo económico.

—Pero ya con el tratamiento terminado.

—No, no, el tratamiento de los rayos solamente terminado.

—Nace el amor con Roberto...

—Renace, porque ya había sido novia de él de jovencita. Un amor distinto, un amor adulto basado en la complicidad. Sabés que éramos cómplices, nos entendíamos, nos complementábamos. Y Roberto fue alguien que me dio mucha libertad. Y yo necesito libertad, necesito en la vida sentirme libre. Y cuando estoy libre ando bien, derechita, bárbaro.

—¿Parejos en edad?

—Sí, él me llevaba siete años. Ya algo más común vamos a decir.

—Y parejos en la vida ¿no?

—Totalmente. Totalmente. Porque aparte él estaba separado, yo estaba viuda. Él no tuvo hijos, yo tampoco. Había muchas coincidencias, parejos en la vida.

—¿En ese momento la fantasía de volver a estudiar estaba?

—Estaba. Cuando yo estuve con Hugo me pasó por la mente la Facu de Medicina, pero viste cuando algo no se termina de dar. Una vez lo conversé con él, lo sugerí, pero no se terminaba de dar. No era. Y acá también estaba. Había algo que no se dio, quedó medio en la nebulosa la conversación. Tampoco te voy a decir que Hugo me dijo “sí, dale, andá”. Lo escuchó. Era un hombre grande y pensó “se va a ir muchas horas por día”. Él sentía la diferencia de edad, la sentía mucho.

—La idea estaba ahí.

—Estudiar siempre, porque cursos hice un montón.

—¿De qué?

—Bueno, hice siempre perfeccionamientos de lo mío de cosmetología. Y después la vida me fue haciendo amiga de médicas e iba aunque sea de oyente a ciertos cursos en los hospitales. Por ejemplo, en el Hospital Vélez Sarsfield fui un montón de veces de oyente a los cursos. Porque me interesaba saber, me interesaba. Ahora, si vos me decís en vez de hacer eso por qué no hice la Facultad no sé, no se dio. Había algo que a mí me paraba un poco. Te vas a reír Tatiana.

—A ver.

—¿Sabés qué era? Que había matemática en el CBC. Yo con los números no soy buena. Es más, soy mala con los números. No me agrada. No soy buena ni nada. Y la matemática que da el CBC es hasta con derivadas, integrales y demás cosas.

—Pero en ese momento ya habías atravesado un cáncer así que matemática…

—Tenía que salir.

Antes de animarse a empezar el CBC Ángeles iba como oyente a diferentes cursos.

—¿Qué pasó primero: la decisión de estudiar o el segundo cáncer?

—No, primero empecé por fin el CBC. Dije “tengo que poder, tengo que ir a la Facultad”. Sabía mucho de anatomía y de enfermedades como para dejarlo todo ahí en mí, suelto, flojo, desorganizado. Digo “yo tengo que ser médica”. Acorde a mi enfermedad, fui viendo un montón de cosas que no me agradaban. Por ejemplo, muchas veces cómo es destratado un adulto mayor en un hospital. Entonces, la parte también solidaria y de poder ayudar pesó mucho. Entonces lo hablé con Roberto, porque eso implicaba que yo tenía que estar muchísimas menos horas en el negocio. Le digo “¿sabés qué tengo ganas de hacer la Facultad". Y él me dijo, “y hacela”. Porque era así él. Todo los gustos me daba. Digo “no sé, por el CBC, Matemática”. “Y probá, si no -dice-, no vas a saber nunca”. “¿Querés que vaya a averiguar?”. Nosotros estamos cerca del Cid Campeador. Entonces el CBC más cercano es el de Agronomía. Yo no sabía ni horarios ni nada. Y fui para ver. Le dije “voy a ir para ver si el otro cuatrimestre empiezo el CBC”. Y cuando llegué, no sé si fue suerte o no, le expliqué al secretario y me dice “está cerrada la inscripción, se cerró hoy, pero si vos me traés mañana sin falta el certificado analítico del secundario, hoy te doy la ficha, me la llenás y te anoto”. Me quedé impactada. Y lo hice al otro día. Arranqué el CBC.

—¿Qué edad tenías en ese momento?

—En ese momento tenía 55 más o menos.

—¿Qué te decían de empezar a estudiar a los 55?

—Varias cosas. Tuve muchísima suerte con todos mis compañeros. Estábamos a la par. Y es más, el lugar de reunión para estudiar generalmente era mi casa. Con eso todo bien. Pero la gente decía “ay, ¿vas a empezar? Pero qué larga la carrera. ¿Y por qué no estudiás enfermería?”.

—¿Y a vos qué te pasaba con eso?

—Me potenciaban.

—¿Estudiabas para ejercer o estudiabas para estudiar?

—No, estudiaba para estudiar. Ejercer era una posibilidad. Pero fui paso a paso.

—¿Qué decía Roberto cuando te veía estudiando?

—Él estaba chocho. Roberto, por ejemplo, cada vez que yo rendía alguna materia lo primero que hacía le decía a los primos, a todos, “hoy rindió María Ángeles, un ocho. Hoy rindió un oral, un nueve”. Él estaba orgulloso.

—Terminaste el CBC, que era el mayor temor, ¿no?

—Totalmente. Y como me llevó más de un año, que es lo que lleva generalmente, ese día mis compañeras de la perfumería me tiraron harina, huevos, de todo.

—Fue un primer recibimiento.

—Sí, sí, porque realmente lo padecí bastante. Matemática. No te digo las veces que la recursé pero bueno, la hice. Porque el CBC no es muy acorde a medicina entonces los chicos a lo mejor si no tienen una vocación o algo muy fuerte van dejando. Lo vi yo, lo viví. Van dejando. Se pasan otras carreras. O se van a la privada. Yo la verdad que la privada no la podía pagar, sinceramente. Y realmente esto empezó siendo algo que yo iba a ver si iba a llegar.

—Tenías 55 en ese momento y en alguno de los controles las cosas no dan bien.

—Cursando el CBC, en los controles estrictos, había algo que no estaba bien otra vez en la mama izquierda. La primera vez había sido mama derecha. Primero dije “no, debe ser otra cosa”. La verdad pensé eso. Estaba leyendo y digo “estas palabras no me agradan”. Y bueno, fue mi segundo cáncer de mama.

—¿Cuánto tiempo después del primero?

—Aproximadamente siete, ocho años.

—Había que empezar de nuevo.

—Otra vez. Otra cirugía. Ahí ya lo primero que pregunté fue “¿cuánto puedo tardar así me reincorporo al estudio?”. Estaba embaladita ya. Y tenía una contención diferente: estaba mi mamá, estaba mi compañero de vida. Fue distinto.

—¿Y el tratamiento esta vez cómo fue?

—Esta vez no me hicieron rayos porque consideraron que no había que hacerlos, pero sí el tratamiento hormonal. Lo primero, igual, fue la operación.

—¿Cuándo pudiste volver a la Facultad?

—Una semana y media. Roberto me llevaba y me traía.

—¿No les dijiste a los docentes que estabas haciendo tratamiento?

—Sí, pero yo me sentía bien. Había que darle para adelante.

—¿Y cómo te fue ese cuatrimestre?

—Me fue bien. Había que terminar el CBC. Yo quería estar adentro. Quería pisar Paraguay, la calle Paraguay.

—Contame ese primer día en Paraguay

—Ay, emocionante. Emocionante. Tengo todavía la foto que me saqué cuando iba a entrar. Yo no sabía ni por dónde se entra, ni qué hay que hacer, ni nada. Me acuerdo que en la puerta me saqué una foto como que acá estaba, ¿me entendés?. Y se la mandé a mi mamá obviamente. Sentí una emoción que no la sé describir.

Terminar el CBC fue como un primer recibimiento.

—¿Qué dijo tu mamá con la foto?

—Siempre era imborrable en su celular. Ya había llorado el día que le llevé el formulario que me había anotado en Medicina. La emoción era terrible. “Mi doc -me decía ella-, mi doc”.

—Empezás a transcurrir la carrera. ¿Cómo fue?

—Hermoso. Es duro. La volvería a hacer si tuviera que hacerla. No le tengo miedo. Tampoco fue lo duro que pensé que iba a ser. Todos los años decía “yo voy de a poco, voy a ver qué pasa”. Y cuando cursé el primer año, me anoté en anatomía, sin mandarme la parte tenía 10 en anatomía, era buenísima. Me acuerdo que los profesores me decían “ah, ¿vos sos Angie?”. Los colegas le decían “ojo con Angie”. Me imagino los comentarios: “Es una mujer muy grande pero anda bien”. Me imagino eso. Yo tenía ua alegría terrible: la verdad que podría hacer más materias, podría seguir. Porque el primer año me anoté en anatomía y en salud mental. Y bueno le perdí el miedo y me anotaba en todas las que me tenía que anotar.

—¿Te sentiste discriminada alguna vez en la Facultad?

—Para nada, no, no, no.

—Ni por compañeros, ni por docentes, ni en las prácticas, nada.

—En ciertos docentes tal vez a veces un dejo… no de discriminación obviamente porque te imaginás que me planto. Yo voy al frente siempre, en la vida, en todo. Siempre con respeto pero voy al frente. Me hubiese parado. Pero a lo mejor un desliz, algo. Pero yo me encargaba de sorprenderlos estudiando mucho y dejándolos perplejos en ese sentido. Y con mis compañeros, al contrario: un lujo, un lujo.

—¿Podías seguir trabajando en la perfumería?

—Al principio, primer año, segundo año, tercero, sí, vino la pandemia y después no pude de ninguna manera. Cada vez era más intenso, más la cantidad que había que estudiar. Era hola y chau en la perfumería. Lo iba a ver a Roberto cuando salía de la Facultad.

—Y él lo bancaba.

—Todo. Es más, cuando me tocaba alguna materia que salía muy tarde, él me iba a buscar. Salía de la perfu y me iba a buscar. No tenía problema en cenar más tarde, me entendés. Todo eso es muy importante, muy importante.

—Un gran compañero. ¿Cómo sigue la historia?

—La historia sigue que sigo cursando y en 2022, post pandemia, en mis controles, ¿sabés qué me encuentran? Mi tercer cáncer de mama. Sí, mi tercer cáncer de mama. Del mismo lugar que el segundo. Me hicieron varios estudios para ver si era primario o era secundario, si había quedado algo. No, otro primario, otro nuevo. Y nuevamente cirugía, rayos y tratamiento. Es el día de hoy que sigo tomando las pastillas.

Roberto siempre apoyó y se enorgulleció del recorrido universitario de Ángeles.

—¿Qué sentiste cuando llegó el nuevo diagnóstico?

—“¿Otra vez, puede ser?“. Porque cuando había sido el segundo, como para ponerle humor, dije “menos mal que tengo dos nada más, no me va a agarrar más”. Pensando que ya había uno de cada uno. Y cuando vino el tercero... Aparte me preocupé porque dije “¿cómo? ¿tantas veces?”. Pero le seguí dando para adelante.

—Y ya conociendo mucho más de la enfermedad desde el otro lado, ¿no?

—Exacto, porque ya estaba bastante avanzada, creo que en cuarto año de la carrera. Y claro, ya conocía otras cosas. Sabés que no es tan fácil llevar una enfermedad propia o de un ser querido cuando conocés la parte teórica, cuando tenés conocimientos de medicina.

—¿Tuviste que dejar en ese momento la Facultad?

—Del todo no. La misma pregunta fue “¿cuándo me puedo reincorporar?”. Lo único que sí traté, igual no se podía esperar demasiado porque tenía lo que se llama QI-67, tenía un crecimiento, el tumor rápido este último viste, muy rápido. Entonces no pude esperar hasta las vacaciones. Entonces me operé en octubre y bueno, falté también unos días. Tal vez falté un poquitito más. Traté más o menos de compensar las cosas y seguí.

—¿Sabían tus compañeros y tus docentes lo que estabas atravesando o no lo contaste?

—Sí, sí, les dije. Les dije como algo natural porque aparte futuros médicos todos: tenemos que saber. Lo que pasa es que los jóvenes no han pasado tantas enfermedades, entonces lo escuchan, saben qué es porque lo estudian, pero es distinto. Es distinto.

—Seguís la carrera. Ya no te frena nada.

—Creí que no. Creí que no. La reina, mi reina, mi mamá... empiezan a pasar los años para ella. Y viene un momento muy triste de mi vida. Ella se empieza a poner peor y en cuanto a la carrera me perjudicaba porque no podía estudiar con la misma fluidez. Fallece mi mamá en el año 2024. ¿Para qué voy a explicar, no? Se me fue una parte de mi vida, mi sueño de que ella me entregara el diploma, porque para ella era lo máximo.

—Vos ya estabas llegando cada vez más cerca del final de la carrera.

—Sí. A posteriori cada vez me costó más obviamente. Estaba muy triste y estudiando medicina, cada cosa que estudiás se te presenta un cuadro de lo que le pasó ¿me entendés? Porque siempre hay alguna coincidencia en algo obviamente.

—Hugo, lo propio, tu mamá...

—Exacto. Pero bueno, había que seguir la carrera. Y la seguí. Pero Roberto, antes ya que falleciera mi mamá, le encontraron una enfermedad muy fea, un cáncer de esófago. Al principio, bueno, lo fue llevando. A los pocos meses que falleció mi mamá, empezó él con esto avanzar de una manera más rápida. Por supuesto quimio, rayos.

—¿Había un tratamiento, una perspectiva de que se pudiera curar?

—Sí, sí, los tratamientos empezaron con perspectiva total que se podía curar haciendo en principio quimio y rayos.

—¿Un tratamiento muy cruento el que tenía que hacer?

—Totalmente. La quimio la pasó, aunque te extrañe, la pasó bien. No tenía ningún problema. No se le cayó el pelo, como pasa clásicamente. No se descompuso. No tuvo nauseas, vómitos. Nada, nada. No había síntomas. Lo pasó bien. El tema fueron los rayos. Los primeros los pasó bien, porque no te duelen pero traen otras consecuencias, y yo hablé con el médico para ver si era posible que no hiciera los últimos ocho rayos porque era terrible cómo estaba, en las circunstancias que estaba.

—¿Dolía?

—No sólo que le dolía sino que ya empezaba con las dificultades: la disfagia, las dificultades para tragar, el cansancio no lo dejaba casi parar, la pérdida de peso era total. Pero él seguía adelante. También muy valiente.

—¿Y vos seguías estudiando mientras?

—Sí, yo seguía estudiando. Pasé horas estudiando al lado de él. Todo el tiempo al lado de él. Y tuve una muy buena onda con mis profesores, con los médicos, que yo les planteé toda la situación porque muchas veces tenía que faltar a la Facultad para quedarme con él. Cuando esto iba avanzando tuve que faltar. Entonces iba, explicaba, con justificativo, les llevaba todo. Casi todos los profesores comprendieron, comprendieron la situación y yo iba a dar los exámenes: una clase sí, tres clases no.

Pocos meses antes de que Ángeles se recibiera Roberto murió.

—¿Cuándo entendiste que tu amor se iba a morir?

—Casi te diría cuando supe el diagnóstico. No es fácil el cáncer de esófago. Desde su diagnóstico tuve la suerte de tenerlo casi cuatro años, pero el último tiempo fue muy, muy cruel. Internaciones tanto domiciliarias como en la clínica. Una semana en casa con domiciliaria donde hasta le tenía que dar la comida por sondas. Terrible.

—¿El diagnóstico en qué año se lo dan?

—Fines de 2022 más o menos.

—¿Y cuándo muere?

—Fallece el 7 de octubre del 25.

—Fueron tres años que estuvo con la enfermedad y en tratamiento. ¿Desde el principio supiste que no se podía?

—Siempre tenés esperanza pero… En medicina uno más uno no es dos. No es una ciencia exacta. Y siempre querés que se dé ese milagrito, que se dé eso diferente. Pero el diagnóstico era groso. Después me puse contenta cuando él se mantuvo, meses o un año, los controles salían medianamente bien, no avanzaba la enfermedad.

—Vos lo sabés en carne propia. Cada examen que uno se va a dar es un estrés constante.

—Ay Tatiana, imaginate desde qué año empecé. Empecé en 2006 con lo mío y estamos a 2026, y cada vez que voy a buscar algún resultado, pensás un montón de cosas, ¿lo abro, no lo abro?. Sí, es muy difícil.

—¿Le dijiste algo cuando todo se complicó?

—No.

—No porque no lo dijo nadie o…

—No se lo dijo nadie. Obviamente él se daba cuenta porque estaba una semana en casa con internación domiciliaria y dos semanas internado. Pero como mucho “ay, otra vez”. “Y bueno, no te hagas problema, estamos acá”. No me despegué de él ni siquiera en terapia. Le dije “yo no te voy a dejar solo y no lo dejé solo”. Entonces yo le decía “a ver, no, mira, esto va bien, dijo el médico que te van a dar el alta o que tenemos un par de días más, te quieren hacer más estudios”. Como si fuera una conversación. Y él se quedaba con lo que yo le decía y estaba tranquilo.

—Y él no preguntaba más.

—No, no preguntaba. Lo que sí él no se quería morir. Viste cuando una persona lucha para no morirse. Una vez sabés qué me dijo, hablando de otro tema me dice “porque a mí ¿cuántos años me pueden quedar?”. Y yo me quise morir. Yo sabía que le podían quedar meses, entonces le digo “dos años”. Lo que me salió. Y me miró y le digo “ponele cinco, pero no te puedo decir diez, no creo que diez. Entre dos y cinco”. Se lo bajé porque era lo que él necesitaba escuchar. ¿Qué ganaba yo con decirle que eran meses? Jamás le dije que se empeoró. Siempre la esperanza. Siempre las ganas. Siempre ahí arriba. Y siempre mi apoyo al lado de él.

—Qué momento difícil ese.

—Terrible. Y cuando fallece Roberto me faltaban dos materias para recibirme nada más. Todo un carrerón, con los altibajos y con las cosas que me pasaron, la hice en ocho años. Dejarlo cuando faltaban dos materias personalmente no le encontraba sentido. No mejoraba las cosas. Si eso lo podía cambiar, esas dos materias, para que me traiga a las dos personas no lo hubiese pensado. Pero no, no cambiaba las cosas. Ellos dos, mis mentores, mis pilares. Mi mamá que soñaba con su hija doctora. Ella me decía doctora Angie. Dije “no, tengo que hacerlo”. ¿Y cómo fue? Durísimo. Durísimo. Cada tema que leía, cada tema que estudiaba, se me venía algo de cualquiera de los dos. Fueron dos muertes en un año y medio, muy seguidas, muy fuertes y de dos personas muy especiales.

María Ángeles Yossi con Tatiana Schapiro en Infobae

—Pero te recibiste.

—Me recibí. Me recibí.

—¿Cuándo?

—Me recibí el 13 de mayo.

—¿Hubo festejo?

—Un flor de festejo en la plaza. Hace ya muchos años que no se tira nada que sea comestible. Que me parece excelente. Y se hace todo un festejo con un cotillón. Parecía un yeti en un momento porque era todo espuma, serpentina de aerosol, colores fosforescentes. Más de 60 personas fueron. Yo puse un mini lunch. Había bebidas de todo tipo. Fotógrafos y hasta un drone.

—¿Cómo sigue el recorrido ahora, qué querés que venga?

—Estoy ansiosa por empezar.

—¿Por dónde empezarías?

—Tengo que hacer rotaciones, pero todavía no empecé. Me tomé un tiempito.

—¿Sabés dónde te va a tocar después?

—No, en distintos hospitales. Y en algunos CESAC. Pero tengo que ver cuestiones de horarios porque no te olvides que ahora quedé a cargo de la perfumería. Tengo que hacer todo bien. Pero voy a poder. Voy a poder.

—Pudiste recibirte de médica a los 65. Mirá si no vas a poder.

PorTatiana Schapiro-Infobae