Ocurrió en 1987. La chica quiso rescatar su padrastro pero ambos murieron dentro de un juzgado, baleados por un guardia.
10 de la mañana del viernes 17 de julio de 1987, hace 33 años, en plena feria judicial, esas dos semanas a mitad del año en las que casi no quedan empleados en los juzgados.El escenario fue el juzgado Federal 2 de Miguel Del Castillo, más exactamente la Secretaría N° 6 de Alberto Huarte Petit (hoy juez de Casación Penal). El despacho quedaba en el tercer piso del Palacio, sobre la esquina del edificio que da a Tucumán y Uruguay.
Figueroa tenía 25 años y un prontuario impresionante, pese a su juventud: ya contaba con una condena a 16 años por dos violaciones con robo y otra sentencia a 20 años por 14 robos con violencia (tres de ellos con violación).En 1984 había logrado escaparse mientras lo trasladaban en una ambulancia: llevaba un yeso supuestamente por una lesión, pero el yeso escondía un revólver calibre 32 que usó para amenazar a los guardias y escapar a los tiros.
Con la excusa de pedir una unificación de sus dos condenas, el jueves 16 de julio de 1987 había mandado a Roxana Limanche (17), la hija de su pareja, a pedir una entrevista con Huarte Petit.Y éste, como era de rutina, lo citó para el día siguiente.
Paul Starc fue el que le abrió la puerta a Figueroa, que entró escoltado por dos penitenciarios dado su calidad de"hombre peligroso".El día del horror en Tribunales: dos muertos en un intento de rescate de un preso.Starc abrió la puerta y luego se fue al pasillo que comunicaba internamente la Secretaría 6 con la 5 (de Ernesto Botto). Allí se puso un charlar con Carlos Rívolo y Sergio Paduzack.
Los tres eran"pinches"."Cuando Figueroa pidió la entrevista en plena feria yo sospeché que algo estaba tramando.Le dije a Huarte Petit: 'Alberto, tené cuidado que este tipo ya tiene antecedentes de fuga, es raro que pida venir a Tribunales justo ahora'
. Por eso se solicitaron refuerzos y lo acompañaban dos penitenciarios", recordó Rivolo."Era feria y había poca gente. En la antesala de la Secretaría estaba sentado un perito contador que estaba aprovechando que había poca gente para leer una importante causa que tramitaba en el tribunal, el expediente de la quiebra de Conner Salgado. Un penitenciario se quedó ahí afuera y otro entró al despacho de Huarte Petit con Figueroa", completó Paduzack, quien poco después escuchó el relato aterrorizado del contador sobre lo que le había pasado.
Roxana había entrado con aire angelical casi inmediatamente después que su padrastro.Le habían indicado qué hacer con todo detalle."Ella era la hija de una pareja de Figueroa, lo visitaba en la cárcel y él la utilizó prometiéndole su amor y que iban a huir juntos", agregó Rivolo, quien
aún se reconoce impactadopor aquella historia de sus comienzos en la Justicia.El boletín y el jabónRoxana entró a la Secretaría N° 6, la misma que había visitado el día anterior para llevar un escrito pidiendo la audiencia para su padrastro.
Llevaba una pistola calibre 32 en una mano y lo que parecía una granada en la otra."¡Tirales, matalo, matalo!", le gritó Figueroa que, tal y como le había indicado a la chica en las"instrucciones", se había colocado en el sector derecho del despacho, fuera de la línea de disparo.
Roxanaapretó al gatillo pero, sin experiencia, su cuerpo se sacudió y la bala salió sin dirección.Hizo mucho estruendo pero dio en una pared muy cerca de la cabeza del perito contador, que hizo un inmediato cuerpo a tierra."Uno de los guardias atinó a sacar el arma y, mientras caía, le disparó a la chica. Le dio de abajo hacia arriba en la cabeza. Ella cayó y murió en el acto. Figueroa se arrojó sobre el guardia para sacarle el arma, forcejearon y una bala le dio en el corazón. Cayó boqueando y murió a los pocos minutos", detalló Paduzack.
Todo se los contó a Starc, Rívolo y Paduzack el pobre contador que había quedado en medio de la frustrada fuga.Lo que ellos escucharon desde el pasillo había sido un golpe seco, que ahora tenía una historia que lo completaba. Los tres fueron hasta la Secretaría N° 4 de
López Lecube a pedir refuerzos.Para cuando volvieronhabía dos muertos en el piso y sangre por todos lados."Nos dio mucha pena la nena", subraya hoy Paduzack aClarín. En minutos eljuzgado se llenó de gente:"Estaban dispuesto a todo", declaró a los medios del fiscal Jorge Strassera. Antonio Bacqué, por entonces ministro de la
, y quien estaba de feria en el Supremo Tribunal debió pasar entre los cadáveres para cerciorarse de que los empleados estaban bien.El día del horror en Tribunales: dos muertos en un intento de rescate de un preso.Cuando la Policía revisó los cuerpos llegó la nota más dramática: en la mochila de Roxana se encontró la carta que Figueroa le había hecho -y mandado por el viejo método de"paloma mensajera"- para que en el laberíntico edificio de Talcahuano encontrara el lugar donde él estaría. Le puso hasta el número del ascensor que debía tomar para no perderse (clave aún hoy, indispensable para orientarse en el Palacio).
Todos miraron sorprendidos el manual de instrucciones pero otro detalle los conmovió: en la mochila también había un boletín de calificaciones del colegio. Inclusola supuesta granada que llevaba la chica en una de sus manos no era más que un jabón ovalado"Valot"
(usado en esa época en los baños públicos) que Figueroa había tallado y pintado de negro para simular un explosivo."Matan a un condenado y a su novia al intentar fugarse de los Tribunales", titulóClarínen su edición del sábado 18 de julio de 1987.
Una doble página central para un caso sin precedentes. Nunca había pasado nada igual. Nunca volvió a pasar.
Fuente: Clarín

