La empresa ingresó formalmente en concurso preventivo después de reconocer ante la Justicia una situación de cesación de pagos y un deterioro financiero
La crisis que atraviesa la industria nacional sigue sumando empresas históricas. Esta vez fue el turno de A. Mutz y Cía., una tradicional fabricante textil con más de 120 años de actividad, que ingresó formalmente en concurso preventivo después de reconocer ante la Justicia una situación de cesación de pagos y un deterioro financiero que terminó por volver inviable su operatoria habitual.
La apertura del concurso fue decretada por el Juzgado Nacional en lo Comercial N°1, a cargo de Alberto Alemán, en el expediente "A. Mutz y Cía. S.A. s/ Concurso Preventivo", luego de la presentación realizada por la propia compañía.
La firma, fundada en 1903, se dedica a la fabricación de medias, ropa interior y productos textiles de punto. Desde hace décadas opera con marcas conocidas dentro del mercado local como Zorba, Mercury y Mutz Sport, además de desarrollar producción integrada de hilandería, tintorería y confección desde su planta ubicada en San Martín.
Durante años logró posicionarse dentro del segmento masivo de indumentaria básica masculina y deportiva. Pero el expediente judicial muestra cómo el deterioro económico y financiero de los últimos años terminó golpeando de lleno a la compañía.
En la presentación, la empresa describió un escenario atravesado por caída del consumo, inflación, aumento de costos productivos, suba de tarifas y tasas financieras cada vez más elevadas. A eso sumó otro factor que aparece repetido varias veces en el escrito: el fuerte crecimiento de las importaciones textiles.
Según sostuvo la concursada, el nuevo contexto económico profundizó el ingreso de productos terminados provenientes de países como China, Brasil y Bangladesh, con precios imposibles de igualar para buena parte de la industria local.
Cómo logró atravesar el Tequila y la crisis de 2001 pero quedó atrapada en el derrumbe textil
Uno de los aspectos más llamativos del expediente es que la propia compañía reconstruyó cómo logró atravesar algunas de las peores crisis económicas argentinas durante décadas, algo que, según admitió, no pudo repetir esta vez.
La historia de la empresa se remonta a comienzos del siglo pasado, aunque la sociedad actual nació formalmente en 1989, cuando la familia Battagliotto y Alicia María Mutz relanzaron la actividad tras la liquidación de la firma anterior fundada por Amadeo Mutz.
En el escrito judicial, la compañía recordó que comenzó prácticamente desde cero: "Esta comenzó su actividad con instalaciones alquiladas, maquinaria obsoleta adquirida por un valor residual y sin acceso a financiamiento bancario".
Aun así, logró crecer durante los años siguientes. En plena crisis del "Tequila" de 1995, la empresa incluso aprovechó el colapso de otras firmas del sector para expandirse. Según relató ante la Justicia, en ese momento avanzó en la "adquisición de maquinaria de empresas endeudadas, llegando a operar con 65 máquinas modernas".
También consiguió contratos internacionales. Uno de los más importantes fue con la estadounidense Hanes, para abastecimiento de medias y posteriormente exportaciones a Brasil.
La compañía también sobrevivió a la crisis de 2001. En ese período incorporó tecnología de prendas sin costura y amplió la producción de bóxers y ropa interior masculina.
Ya en 2006 compró su planta industrial de San Martín, de unos 4.200 metros cuadrados cubiertos, mediante una combinación de reservas propias, financiamiento del vendedor y crédito bancario.
Pero el escenario cambió drásticamente en los últimos años.
El momento exacto en que la empresa dejó de poder pagar
Dentro del expediente, A. Mutz fijó el 21 de octubre de 2025 como la fecha en la que comenzó formalmente su cesación de pagos.
Según explicó, desde entonces empezó a incumplir cheques diferidos emitidos a proveedores, cooperativas, acreedores y empresas vinculadas al sector textil. También aparecieron obligaciones pendientes con la Asociación Obrera Textil (AOT).
La empresa reconoció que el deterioro venía acumulándose desde antes y que cada vez dependía más del financiamiento de corto plazo para sostener capital de trabajo, pagar gastos corrientes y mantener activa la producción.
Pero las tasas terminaron acelerando el colapso. De acuerdo con la documentación presentada ante la Justicia, los gastos financieros crecieron un 182% en términos reales entre 2022 y 2023.
Los balances incorporados al expediente muestran además un derrumbe operativo contundente: el margen bruto pasó de 44% en 2022 a apenas 0,6% en 2024. La propia concursada describió que los costos comenzaron a absorber prácticamente toda la facturación.
"Los ingresos ordinarios resultaron insuficientes para absorber simultáneamente los costos de producción y operación, el sostenimiento del capital de trabajo y el cumplimiento regular de obligaciones exigibles", sostuvo.
Los números terminaron reflejando ese deterioro. La empresa informó pérdidas netas superiores a $941 millones al 31 de enero de 2026 y un capital de trabajo negativo por más de $658 millones.
El flujo de fondos presentado en la causa expuso además el nivel de asfixia financiera que atravesaba la compañía. Durante enero de 2026, casi la mitad de todos los ingresos de la firma se destinaron únicamente a cubrir costos financieros e impositivos.
En uno de los párrafos más delicados del expediente, la propia empresa admitió haber ingresado en un "círculo vicioso de endeudamiento", donde el crédito ya no se utilizaba para financiar producción sino para cancelar obligaciones anteriores.
Cheques rechazados, deuda bancaria y temor a quedar fuera del sistema
La crisis financiera llegó a un punto crítico cuando la textil pidió medidas cautelares para evitar que los bancos cerraran sus cuentas corrientes por el rechazo de cheques.
Según surge del expediente, la firma acumula 36 cheques rechazados por más de $69,2 millones.
Además, los registros del Banco Central muestran créditos tomados por más de $1.200 millones, gran parte de ellos catalogados en situación 3 y 4, es decir, con problemas o alto riesgo de insolvencia.
En la presentación judicial, la empresa advirtió que perder la operatoria bancaria podía generar un "perjuicio económico concreto y actual" y afectar irreversiblemente el funcionamiento cotidiano de la compañía.
Por eso pidió específicamente mantener activa una cuenta corriente en el Banco Provincia y evitar inhabilitaciones derivadas del rechazo de cheques.
La explicación fue directa: sin cuentas bancarias operativas, la empresa ya no podía cobrar ventas, realizar pagos ni sostener el giro comercial habitual.
La lista completa de textiles que también quedaron atrapadas en la crisis
El caso de A. Mutz se suma a una lista cada vez más extensa de empresas textiles que en los últimos meses terminaron recurriendo a concursos preventivos, cierres de operaciones o procesos de reestructuración para intentar sobrevivir a un escenario que combina caída del consumo, aumento de costos, financiamiento caro y avance de las importaciones.
- Una de las situaciones más recientes fue la de Textilana, fabricante de la marca Mauro Sergio, que decidió presentarse en concurso preventivo después de varios meses de suspensiones, menor producción y fuerte retracción de ventas en su planta de Mar del Plata. La compañía informó un pasivo millonario y explicó que el proceso busca reordenar su estructura financiera para sostener la continuidad operativa. Entre noviembre de 2025 y marzo de este año llegó a suspender a 175 trabajadores, mientras evaluaba cómo seguir funcionando en medio de la caída del mercado interno.
- También quedó envuelta en una situación crítica Fantome Group, firma que llegó a fabricar indumentaria para marcas como Reebok, Kappa, Billabong, Cheeky, Mimo y Kosiuko. En su presentación judicial, la empresa describió un escenario de "competencia diabólica" frente al ingreso de productos importados y explicó que varias de las marcas para las que producía comenzaron a reemplazar fabricación local por importaciones directas. Según detalló, la salida de algunos de esos contratos terminó desarmando buena parte de su estructura productiva.
- Otro expediente que expuso la profundidad de la crisis fue el de Owoko, la marca de indumentaria infantil que llegó a tener más de 40 locales en todo el país y que hoy atraviesa un proceso concursal a través de las sociedades De Niños y Kokoloko. La empresa enfrenta pasivos superiores a los $2.800 millones, cierre de locales y una fuerte caída de ventas. En el expediente judicial sostuvo que el deterioro del poder adquisitivo impactó directamente sobre su negocio y advirtió además sobre el cambio en los hábitos de consumo y el crecimiento del comercio electrónico internacional.
- La crisis también alcanzó a Hilado S.A., integrante del grupo TN Platex, controlado por la familia Karagozian. Al justificar su concurso preventivo, la empresa apuntó contra "la caída del consumo interno, la apertura de importaciones, la desregulación de ventas por plataformas digitales extranjeras, el ingreso de ropa usada y el elevado costo financiero". En paralelo, el grupo decidió cerrar DFAC (De Fábrica al Consumidor), el proyecto lanzado por Teddy Karagozian que buscaba vender ropa básica producida íntegramente en Argentina. "Las marcas con las que trabajamos pasaron a importar y no tuvimos más opción que cerrar nuestra fábrica", señaló la empresa al anunciar el cierre de la iniciativa.
- Otro de los casos que reflejan el deterioro del sector es el de Textil Amesud, la firma fundada por el empresario coreano Yeal Kim, ex presidente de la Fundación Pro Tejer. La compañía opera actualmente con apenas entre 20% y 30% de su capacidad instalada y enfrenta fuertes caídas de ventas respecto de años anteriores. "Es inviable una empresa que pueda trabajar con menos del 30% de su capacidad", sostuvo Kim al describir la situación de la firma. En paralelo, el empresario vinculó el deterioro del negocio al crecimiento de las importaciones y a la decisión de muchas marcas de dejar de producir en el país para comenzar a abastecerse con productos terminados del exterior.
Aunque cada empresa muestra particularidades distintas, los expedientes empiezan a repetir una misma radiografía: desplome del mercado interno, presión financiera, caída de márgenes, aumento de costos y una competencia cada vez más difícil de sostener frente al avance de productos importados y plataformas internacionales. En muchos casos, además, las propias compañías describen un cambio estructural dentro del negocio textil, donde buena parte de las marcas comenzó a reemplazar producción nacional por esquemas de importación directa.
El resultado ya se refleja en toda la cadena industrial: fábricas trabajando con fuerte capacidad ociosa, suspensiones de personal, cierre de líneas de producción y empresas históricas que buscan refugio judicial para intentar sostener operaciones en uno de los momentos más delicados que atraviesa el sector en los últimos años.

Por Soledad Caprini-IP

