Misiones Para Todos

Un adolescente dijo ser el autor del asesinato de la sargento Romina Rodríguez

Tiene 15 años y aseguró a la Policía que él asesinó de tres disparos a la sargento Romina Rodríguez, la mañana del 2 de junio pasado en el barrio Horacio Quiroga, de Garupá.

Para los investigadores podría tratarse de una maniobra defensiva del entorno de alguno de los detenidos más complicados para desvincularse del terrible episodio.

Es que se trata de una calificación -homicidio agravado- que contempla una inequívoca condena: prisión perpetua.

El adolescente no sólo es menor de edad; sino que además resulta inimputable para la ley argentina.

En ese contexto, con una potencial confesión, cuatro de los seis detenidos, sindicados como coautores, terminarían desligados de esa acusación.

Y como el confeso es inimputable, nadie terminaría en la cárcel.

El juez de Instrucción 2, Juan Manuel Monte, no descarta ninguna hipótesis pero en este caso pareció tomar con pinzas la supuesta confesión.

El menor no declaró en sede judicial; pero sus palabras habrían llegado a oídos del magistrado.

Sin embargo, el relato encontró gruesas contradicciones con detalles del expediente que se consideran probadas en grado de certeza.

Por ejemplo, el adolescente habría dicho que disparó la nueve milímetros en tres ocasiones cuando los expertos en Criminalística confirmaron que, con esa arma, fueron en dos.

Aparte, hay otro dato que pone un manto de dudas sobre esa versión: el chico tendría una relación de amistad con los primeros cuatro apresados en la causa; que habrían reconocido sus participaciones en el aberrante episodio criminal.

Romina Rodríguez fue asesinada a sangre fría. Un disparo de revólver calibre 22 impactó en la mano que sostenía el celular. Luego la ejecutaron. Un proyectil calibre 9 milímetros dio en la frente y el otro arriba de la panza que gestaba un embarazo de siete meses.

Fuentes judiciales indicaron que los primeros cuatro aprehendidos se acusaban entre sí por la responsabilidad del hecho.

Se sabe que pasaron la noche consumiendo bebidas alcohólicas y marihuana. Luego, sin dormir, se dirigieron a la casa de Rodríguez.

Habían hecho inteligencia y vigilancia frente al domicilio de la policia durante una semana.

Al parecer, esa mañana no contaban con encontrar a la mujer en la vivienda; pero ella habría cambiado de turno y ocurrió lo contrario.

La puerta no estaba llaveada. Al menos dos criminales ingresaron y se toparon con Rodríguez en la cama.

Uno le disparó en la mano que ella tenía el celular. Quizás porque intentó llamar a Emergencias.

El cómplice fue impiadoso. Con una pistola 9 milímetros, que resultó no ser de ella, le disparó en la frente y después en la región abdominal, cuando se daban a la fuga.

Lo que jamás cerró en los investigadores, y aún hoy persiste esa intriga, es por qué actuaron con tanta saña y alevosía.

La víctima estaba herida e indefensa cuando la remataron.

Rodríguez trabajaba en el sector Judiciales de la Policía de Misiones.

Fuente: Misiones Opina