Misiones Para Todos

Un gigante de financiero advierte que la recesión le está pasando factura al equilibrio fiscal de Milei

Con la recaudación desplomándose por la recesión, analistas advierten sobre el impacto en la sostenibilidad fiscal y el clima político local

Puntos importantes

  • El superávit fiscal de Argentina se reduce por una caída de recaudación, no por gasto desmedido, según el informe de Barclays.
  • Barclays proyecta un superávit primario de 1% del PBI para 2026, suficiente para estabilizar la deuda pública argentina.
  • La debilidad económica no primaria afecta la recaudación, elevando la presión política y exigiendo nuevas decisiones al Gobierno.

El programa fiscal argentino entró en un terreno distinto. Luego de dos años seguidos de superávit, la caída de la recaudación asociada, entre otros factores, a la debilidad de la actividad económica empieza a reducir el margen del Gobierno, aun cuando el gasto permanece contenido.

Ese es el diagnóstico de Barclays en su último informe sobre las cuentas públicas de América Latina. El banco proyecta que el superávit primario argentino se reducirá cerca de 0,4 puntos porcentuales del PBI durante 2026 y se ubicará alrededor de 1% del producto.

La cifra representa un deterioro frente al 1,4% registrado en 2025 y el 1,7% alcanzado en 2024. Sin embargo, la institución británica considera que el resultado es "decente" y positivo en términos históricos, por lo que lo considera suficiente para mantener la deuda pública "ampliamente estable".

La tabla de proyecciones del informe coloca el superávit primario de 2026 en 1,1% del PBI y el de 2027 en 1%. En ambos años, el resultado financiero total, después del pago de intereses, se mantendría apenas positivo, en torno al 0,1% del producto.

La advertencia del banco está en el origen del deterioro: el problema no es una expansión significativa del gasto público, sino una recaudación que pierde fuerza por la debilidad de los sectores no primarios de la economía y por "la reducción de algunas alícuotas impositivas". Una decisión que el Gobierno tomó.

La recaudación se convierte en el nuevo límite

Durante el primer semestre, el superávit primario acumuló 0,6% del PBI, unos 0,3 puntos porcentuales menos que en el mismo período de 2025.

Barclays atribuye este retroceso principalmente al desempeño de los ingresos públicos. La recaudación real se contrajo 7% entre enero y junio, con caídas tanto en los impuestos vinculados con la actividad doméstica como en aquellos relacionados con el comercio exterior.

Las principales caídas registradas fueron:

  • El IVA retrocedió 8%
  • Los aportes y contribuciones a la seguridad social disminuyeron 4%
  • Los derechos de exportación registraron una caída de 41%
  • Los impuestos a las importaciones bajaron 19%

La magnitud de estas cifras muestra que el ajuste fiscal ingresa en una etapa más exigente. En la primera fase, el equilibrio de las cuentas públicas se consiguió principalmente mediante una fuerte reducción del gasto. Ahora, sostener el resultado depende cada vez más de que la economía genere una base imponible capaz de recomponer los ingresos.

Barclays identifica precisamente esa dinámica como el principal riesgo para el programa. La debilidad de la actividad no primaria ya comienza a afectar una de las principales fortalezas del esquema económico: la consolidación fiscal, dice el banco.

El gasto sigue contenido

Del lado del gasto, el informe no identifica todavía un cambio significativo de tendencia. En junio, el gasto primario creció 3% interanual en términos reales. Sin embargo, cuando se considera el conjunto del primer semestre, acumuló una contracción del 2%.

Esto implica que el deterioro del resultado fiscal no responde, por el momento, a una reapertura generalizada del gasto, sino a que los ingresos caen más rápido que las erogaciones.

La diferencia es relevante para el mercado. Una reducción del superávit causada por mayor gasto podría ser interpretada como un cambio en la política fiscal. En cambio, una caída vinculada con menor recaudación muestra que el programa mantiene la disciplina presupuestaria, pero enfrenta los límites de una economía con bajo dinamismo fuera de los sectores primarios.

El riesgo es que ese cuadro se prolongue. Si la recaudación sigue contrayéndose, el Gobierno deberá optar entre aplicar nuevos recortes, aceptar un superávit menor o esperar que una recuperación de la actividad recomponga los ingresos.

El riesgo económico se convierte en un riesgo político

Barclays señala que el principal riesgo para el programa es la debilidad de la actividad no primaria y sus consecuencias políticas.

La advertencia conecta dos dimensiones. Una economía débil reduce la recaudación y achica el superávit, pero también puede aumentar las demandas de reducción de impuestos, recomposición del gasto o asistencia a los sectores más afectados.

El Gobierno enfrenta así una tensión cada vez más visible: necesita sostener el ancla fiscal, pero la propia debilidad de la economía erosiona los ingresos que permiten mantenerla.

Hasta ahora, el gasto permanece contenido y el resultado es positivo. El escenario base de Barclays no contempla una pérdida del equilibrio fiscal ni un aumento de la deuda. Por el contrario, proyecta superávit financiero y una reducción del ratio de endeudamiento durante los próximos dos años.

La señal de alerta está en el margen. El superávit se achica, la recaudación cae y el ajuste comienza a depender más de la recuperación económica.

Según señaló, la caída del superávit primario en la comparación de los últimos doce meses respondió "a una combinación de una recaudación muy débil y un aumento estacional del gasto, impulsado por el pago del aguinaldo, las jubilaciones y los subsidios energéticos", cuyo impacto depende del momento en que se efectivizan los desembolsos.

La economista agregó que también comenzó a sentirse el efecto de las decisiones del propio Gobierno de reducir la presión tributaria, "mediante la baja o eliminación de retenciones, la reducción de derechos de importación y otros impuestos".

De cara a los próximos meses, Castiglione sostuvo que la evolución de la recaudación dependerá, principalmente, "del desempeño de los impuestos vinculados al nivel de actividad".

"No creo que el Gobierno incumpla la meta fiscal", afirmó, aunque advirtió que el superávit podría ubicarse "cerca del 1% o incluso algo menos". En ese sentido, remarcó que también habrá que considerar el aporte de las privatizaciones y de otros ingresos extraordinarios durante el segundo semestre.

Aun así, enfatizó que el equilibrio fiscal es el eje de la política económica. "La lógica del Gobierno para armar el presupuesto y para el funcionamiento del Estado es el equilibrio fiscal. De hecho, está sancionado por ley. El punto de partida es el equilibrio fiscal", ratificó.

Por eso, consideró que si los ingresos resultaran insuficientes, el Gobierno recurrirá a nuevos recortes de gasto antes que resignar la meta fiscal. "Siempre hay partidas que se pueden recortar. No es lo ideal, pero no veo un problema en que el Gobierno no cumpla con el equilibrio fiscal", sostuvo.

Finalmente, Castiglione señaló que su principal preocupación no pasa por el frente fiscal, sino por la recuperación de la actividad económica. En particular, indicó que será clave observar cómo evolucionan los sectores que todavía muestran menor dinamismo, tanto por su impacto sobre las expectativas como por su incidencia futura en la recaudación.

Además, advirtió que las comparaciones interanuales del primer semestre deben analizarse con cautela, ya que en la segunda mitad del año pasado la actividad ya se había desacelerado y eso afectó la base de comparación.

Qué dicen los analistas sobre el margen político del ajuste

En tanto, Federico Vaccarezza, analista económico y profesor de la Facultad de Ciencias Empresariales de la Universidad Austral, advirtió que es habitual que los procesos de ajuste fiscal prolongados terminen por afectar la recaudación.

"Es normal que los ciclos de ajuste, cuando se prolongan demasiado, comiencen a erosionar la recaudación", señaló.

Para el economista, frente a ese escenario solo existen dos alternativas: reactivar el consumo y la producción o profundizar el ajuste. "Hay dos salidas: o bien se reactiva el consumo y la producción o se ajusta más", sintetizó.

Sin embargo, Vaccarezza remarcó que el margen político para "extender el ajuste" no es el mismo que al comienzo de una gestión. "Una cosa es ajustar cuando se tienen cuatro años por delante y otra es profundizar el ajuste, con tres años de ajuste que recayeron sobre la actividad doméstica y cuando ya se entra en tiempo de descuento para unas elecciones presidenciales", afirmó.

En ese sentido, sostuvo que los costos políticos empiezan a ganar relevancia. "Hay un umbral de opinión pública que, una vez que se cruza, es difícil retornar", advirtió.

Además, planteó que el objetivo de un programa de estabilización no puede limitarse al ajuste permanente. "Un plan de estabilización tiene por finalidad estabilizar y reactivar. No se puede convertir un plan de estabilización en un plan de ajuste permanente sin pagar las consecuencias políticas", aseguró.

Consultado sobre si el Gobierno todavía tiene margen para seguir recortando el gasto, Vaccarezza respondió: "Puede seguir ajustando, sí. ¿Va a tener consecuencias? Claramente que sí."

Por Andrés Rodríguez - IP