Uno de los ladrones se abalanzó entonces, con una piedra en la mano, sobre la puerta del acompañante y destruyó la ventanilla pero, al advertir que no tenía a mano nada que pudiera robar, hizo lo mismo con el vidrio de la puerta trasera, decidido a no irse con las manos vacías del lugar.
El tiempo que tardó el delincuente en pasar de una ventanilla a la otra fue el mismo que demoró el conductor en reaccionar y empezar a dar marcha atrás para intentar escapar. La maniobra probablemente no hubiera tenido éxito de no ser porque, justo en ese momento, apareció en escena Firulais, un perro de la calle que la cooperativa había adoptado meses atrás.
El animal sorprendió al motochorro por detrás, le mordió un glúteo y precipitó, de esa forma, su fuga antes de que pudiera llevarse algo y sin que fuera necesario tampoco que el dueño de la camioneta concretara su plan de escape.
Los asaltantes huyeron del lugar en la misma moto en la que habían llegado. En tanto, la víctima del frustrado asalto solo tuvo que lamentar algunos daños materiales menores en el vehículo.
Fuente: TN

