Ángel pesa 92 kilos y debe realizar una dieta especial para mejorar su calidad de vida. La familia vive en una precaria casa del barrio Cristo Resucitado, en San Pedro.
Juana Correa Acosta (53) es madre de doce hijos. El menor de ellos, Ángel, de 11 años, padece obesidad mórbida y actualmente pesa 92 kilos. Es el primer caso registrado en la localidad de San Pedro, donde el número de pacientes obesos va en aumento.
Con un pasado conmovedor, la mujer todos los días pone su mayor esfuerzo para mejorar la calidad de vida de su hijo. Las condiciones precarias en las que viven le impiden otorgarle muchas comodidades, pero no así el amor de madre.
La historia de Juana está repleto de momentos angustiantes. Su mirada carga el dolor de haber vivido 24 años en concubinato con un hombre violento que años atrás se suicidó en la cárcel de San Vicente, donde se encontraba detenido por abuso sexual.
A pesar de todo lo vivido, cada día batalla contra sus propios problemas de salud y el de su hijo y le hace frente a las dificultades en su vivienda de madera ubicada en el barrio Cristo Resucitado, de San Pedro.
“Voy a luchar por él”
La obesidad mórbida es diagnosticada cuando el índice de masa corporal (IMC) es 45 kilogramos mayor al peso recomendado por los médicos, teniendo en cuenta la edad y estatura. En el caso de Ángel, desde pequeño presentaba una inclinación hacia la obesidad, situación que se descontroló en los últimos años, tanto que cuando le diagnosticaron la enfermedad, hace poco más de un año, llegó a pesar 103 kilos.
El niño fue atendido en centros de salud de Eldorado y Posadas, donde estuvo internado en varias oportunidades, hasta que la decisión fue que siguiera una dieta saludable y realizara ejercicios a fin de bajar de peso.
La realidad en la que se encontraba Juana años atrás le impedía viajar a otras ciudades para que el niño fuera asistido profesionalmente a una edad más temprana. Transitó los peores momentos de su vida cuando una de sus hijas le contó que su padre abusaba de ella. Quedándose sola, no podía dejar a sus hijas menores para ocuparse de la salud de Ángel.
“Pasé por un cuadro difícil con quien era el papá de mis hijos. Durante 24 años conviví con el mismo demonio. Después me quedé sola con las nenas, ¿y qué iba hacer?, no podía dejarles a ellas solas. Hace años un médico me dijo que Ángel tenía el intestino graso. Es muy pesada la situación para nosotros, hay días que no sé qué hacer”, contó Juana.
El panorama se torna más complejo porque el menor además padece una discapacidad neurológica que en ocasiones le provoca comportamientos desequilibrados y no presenta movilidad normal en el brazo izquierdo.
Este año comenzó a formar parte de la Escuela Especial 19 y el anhelo de su madre es que pueda continuar con su educación formal.
“Me preocupa mucho el futuro de mi hijo, tengo miedo de que me pase algo y se quede solo, comencé a gestionar una pensión para él y con lo poco que tenemos, trato de que pueda realizar la dieta. Cuesta mucho porque lo que cobro no alcanza, pero hasta donde puedo voy a luchar por él”, aseguró Juana, quien hoy convive con Juan Silva, su pareja, quien la ayuda en la realización de trámites.
Situación familiar
En cuanto a las condiciones socioeconómicas, la familia reside en una vivienda de madera en un terreno con pendiente, donde resulta dificultoso caminar, sobre todo los días de lluvia.
Entre las necesidades, la más urgente es contar con un baño instalado, porque hasta el momento utilizan una letrina.
“Era angustiante ver cómo le costaba a Ángel ir y volver del baño cuando llovía, se resbalaba, se caía”, lamentó Juana sobre una de las necesidades que ya está siendo resuelta mediante una gestión realizada por la Fundación Mujeres Solidarias de San Pedro ante el gobierno provincial. Restan machimbres para colocar el cielorraso y un tanque de agua.
Para la familia, que debe subsistir con una pensión que cobra la mujer, la asistencia que reciben de Acción Social es muy importante. La historia llegó a oídos del organismo mediante Asistencia Social del Hospital Samic de Eldorado y Defensoría de Menores.
Desde ese momento, diseñaron un plan de acción que vinculara la salud, medio social y situación de escolaridad del niño. En cuanto a su salud, establecieron turnos y atenciones médicas para empezar a trabajar en relación a recomendaciones de los profesionales como un nutricionista y un cardiólogo, entre otros.
“Cuando conocimos su caso, pusimos a disposición todas las herramientas de las que disponemos con el objetivo de garantizar su bienestar integral, que Ángel logre cumplir los cuidados en cuanto a la alimentación pero también que pueda incorporarse al sistema escolar pertinente e integrarse a su medio social”, explicó Lucas Schafer desde Acción Social.
Hoy el niño concurre a una escuela de fútbol del barrio y también realiza actividades lúdicas de lectoescritura para no quedarse atrás y buscan incluírlo al sistema educativo común.
Fuente: El Territorio

