La intervención de EE.UU. en el país latinoamericano reactivó la parábola bipolar: un PJ trumpista; otro pro-Chino. Matices y dilemas retro.
Desde el sábado a media mañana, con contactos cada 90 minutos –a veces cada dos horas–, Guillermo Moreno y Miguel Ángel Pichetto siguieron las novedades de los efectos de la operación militar que extrajo a Nicolás Maduro de Caracas. Al caer el día, los dos dirigentes concluyeron que el episodio constituía el primer acto de un nuevo orden que, entre otros factores, sepulta los parámetros y las reglas del derecho internacional del último medio siglo.
En el plano doméstico de la dimensión peronística, en medio del shock por la intervención de Donald Trump en Venezuela, Moreno y Pichetto formalizaron una sociedad política en el panperonismo, galaxia donde todo está en debate y en la que la crisis venezolana pareció resucitar un dilema retro que Juan Domingo Perón resolvió por el medio, con la tercera posición, y que su literatura sintetizó en “ni yanquis ni marxistas, peronistas”.
Pichetto y Moreno, que validaron la acción militar en Venezuela, jugaron una carta brava: expresaron una posición filo Trump, más explícita en el exsecretario de Comercio Interior, que desde hace años sostiene que el republicano aplica políticas peronistas en EE. UU. Casi un PJ trumpista. Pero esa postura tiene una lectura en clave negativa porque ambos expresan un rechazo expreso a China.
“El peronismo debe elegir un bando y es con el occidente ampliado”, le dice Moreno a Cenital y ubica en esa categoría, hemisférica, a EE. UU., Europa, incluida Rusia, al continente africano y, entrecomillados, a algunas potencias de Asia. El economista lo explica más fácil desde los excluidos. “Del otro lado está China… Hay algunos países más, pero sobre todo está China”. Pichetto, más efectivo, lo milita en otro plano: propone arancelar el ingreso de mercadería china.
Cuadrantes
En la primera lectura, Moreno y Pichetto aparecen como las figuras casi solitarias en el cuadrante pro Trump. Pero hay más: el gobernador de Tucumán, Osvaldo Jaldo, reaccionó ante el secuestro de Nicolás Maduro. “El mundo necesita decisiones firmes para poner fin a los dictadores y a quienes amparan el delito”, tuiteó y, según un reporte de La Sastrería sobre las repercusiones del caso, fue el único gobernador panperonista que se expresó a favor de la operación de Trump.
Sin la efervescencia de Javier Milei –que tuvo su propio tropiezo cuando especuló, erróneamente, que Trump pondría en el gobierno a Corina Machado o a Edmundo González Urrutia– Jaldo desentonó con sus colegas del PJ que, a diferencia del tucumano, habitan un peronismo opositor. Axel Kicillof (Buenos Aires), Ricardo Quintela (La Rioja) o Sergio Ziliotto (La Pampa) se replicaron el concepto de “violación” o “vulneración” de los principios del Derecho Internacional.
Sobre el mismo eje se posicionó Cristina Fernández de Kirchner que, además, puso el foco en que el objetivo de EE. UU. “no es ‘restablecer un gobierno democrático en la República de Venezuela’, ni ‘la lucha contra el narcotráfico’, sino apoderarse de la mayor reserva a nivel global de petróleo convencional”, dijo.
El PJ, que preside CFK, sintetizó su posición con la reafirmación de “los principios de no intervención, el rechazo al uso de la fuerza y la solución pacífica de los conflictos. América Latina es territorio de paz y soberanía”. Más duro fue Juan Grabois, diputado de UxP. “¿Festejan una guerra?… No importa si es Maduro, Lula o Kast. Es invasión, bombardeo y secuestro. Es guerra. Es la destrucción del derecho público internacional. Es ilegal. Es criminal. Es el fin de Latinoamérica como zona de paz”, escribió en X.
Matices y coincidencias
Hubo, en medio, matices. El Frente Renovador de Sergio Massa rechazó la intervención militar pero, en paralelo, recordó sus críticas a la falta de transparencia electoral en Venezuela, en particular en la última elección. Guillermo Michel, diputado massista, fue más enfático: respaldó la postura del PJ, pero planteó que “omitimos señalar con anterioridad cuestiones graves del gobierno de Maduro, que llegó a detener a dirigentes políticos y estudiantes, sin respetar la democracia”.
En su ordenamiento panperonista, Moreno ubica a Sergio Massa en el cuadrante del “occidente ampliado” y analiza que hasta Cristina empezó a revisar su posición aunque, en sus mensajes públicos, la expresidenta es muy crítica de Trump y de EE.UU. Cenital habló con Moreno:
–¿Por qué dice que CFK está dejando de ser progre?
–Por su confrontación con Kicillof. Y porque se dio cuenta que el gobierno de Alberto Fernández fracasó porque fue un gobierno progre, que tenía a un ministro progre como (Martín) Guzmán. Ahora Cristina revisa el tema fiscal, empezó a revisar la economía y se encontró con la década ganada, que es más parecida a lo que hace Trump.
–Pero CFK no expresa simpatía por Trump, es muy crítica
–No, seguro. Pero está transitando hacia…
–Y el trumpismo es muy duro con CFK. Marcos Rubio, por ejemplo.
–Pero eso es porque creen que el peronismo es zurdo.
–Usted dice que, a pesar del alineamiento automático que tiene con Trump, Milei es pro-china ¿me explica?
–Milei dice que está alineado con EE.UU. pero hace negocios con China. Está usando los dólares de Scott Bessent para pagar importaciones chinas. Y acaba de decir, además, que no va a romper relaciones diplomáticas con China ni tampoco dará de baja el swap como le pidió el gobierno de Estados Unidos. Eso le va a traer problemas.
La línea Kicillof
El dirigente de Principios y Valores, que en 2025 formó parte del armado electoral del peronismo oficial, señala a Kicillof como la versión pro-China del peronismo. “Si no cambia su postura pro-China, no va a poder ser candidato presidencial del peronismo”, advierte Moreno. Vía su ministro Carlos “Carli” Bianco, el gobernador bonaerense mantiene vínculos fluidos y una agenda compartida con la embajada china en Buenos Aires.
Hace algunas semanas, Kicillof viajó a EE.UU. para un homenaje a José “Pepe” Mujica y se reunió con varios presidentes, entre ellos Lula Da Silva (Brasil), Gustavo Petro (Colombia) y el español Pedro Sánchez. ¿Tuvo Kicillof, en aquel breve viaje, contactos con sectores y actores de poder de Estados Unidos, además de participar del encuentro con mandatarios con los que tiene sintonía ideológica? Es, por lo pronto, muy crítico de Trump a quien define como el jefe de Milei.
Pero no todo es diferencia en el panperonismo. Grabois, como Pichetto y Moreno, cree que el secuestro de Maduro es un punto de quiebre que marcó el fin de una etapa y el inicio de otra. Es, sin embargo, menos optimista que sus vecinos del PJ sobre las supuestas virtudes que podría tener para Argentina un empoderamiento de EE.UU. Grabois apunta a un latinoamericanismo para ponerle límites a Trump.

Por Pablo Ibáñez-Cenital

