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Le decían que esperara a tener pareja, pero el deseo de ser mamá fue más fuerte: Maia formó una familia de dos

Quedó embarazada en el tercer intento de inseminación al que accedió por ley. El domingo festeja su primer día de la madre junto a su beba de dos meses. “Va a crecer sabiendo que hay muchas formas de ser familia y esta es la nuestra”, dijo 

Es un libro infantil pensado para hablar con los más chicos sobre distintos modelos de familia. En el cuento una osa llamada Maia quiere ser madre y lo consigue a pesar de no tener un oso compañero. El libro está en la biblioteca de Maia -la persona, no la osa- desde mucho antes de que esa fuera su propia historia. Lo saca y lo muestra riéndose. Usa una sola mano porque con la otra sostiene a su bebita, que nació hace dos meses.

Maia quiso formar una familia de dos. (Foto: gentileza Maia).
Maia quiso formar una familia de dos. (Foto: gentileza Maia).

“Quiero ser mamá ahora”

Maia es maestra jardinera y maneja una página de Instagram con “frases célebres” de sus alumnos (Los niños andan diciendo). Hace dos años con ganas pero sin pareja averiguó para congelar óvulos y “darse más tiempo”. “Pero cuando empecé a averiguar me dije ‘Yo no quiero congelar. Yo quiero ser mamá ahora’”.

Se encontró más cuestionamientos por la edad que por la decisión de hacerlo sin un padre. “Me decían que era chica, que todavía tenía tiempo de ‘conseguir’ con quién”, recuerda. Pero ella seguía leyendo en Internet, charlando con otras mujeres y cada vez más convencida: en su caso el deseo de ser mamá no estaba atado a la necesidad de enamorarse. “La gente me dice que me admira porque soy muy valiente y yo les digo que también los admiro a ellos, porque también hay que ser valiente para criar con otra persona eh”, se ríe.

Maia con su hija Emilia en brazos. (Foto: gentileza Maia).
Maia con su hija Emilia en brazos. (Foto: gentileza Maia).

Su departamento de Parque Centenario tiene el freezer lleno de comida que acercan familias y amigos para ayudar a la primeriza. El cuarto de la bebé por ahora es un proyecto: Maia y Emilia están a puro colecho. “Aunque tardé algunas semanas en animarme a quedarme sola con la beba”, reconoce. Dice que al principio se asustó, que quiso compañía y ahí estaban mamá y alguna de las 14 amigas de su grupo de chat. No muy distinto de lo que viven otras madres en familias más tradicionales.

Una familia de dos

En apenas dos meses Emilia ya tuvo su primer año nuevo judío, su primer día del perdón y ahora su primer día de la madre. “Recién me di cuenta cuando me preguntaron qué quería que me regalen. Y claro, no lo va a comprar la beba y alguien se tiene que ocupar”, resume. No le teme a las preguntas que traiga el futuro.

“No lo conozco pero le agradezco mucho a la persona que decidió donar su esperma para que hoy en día ella pueda estar conmigo”, asegura. Fueron tres intentos hasta lograr el embarazo. En cada frustración, dice, el deseo se hizo más y más grande.

Sabe que Emilia se va a criar sabiendo que existen familias diversas. “Va a saber además que no es que falta una parte: somos mamá e hija. Nuestra familia original es esta, aunque en el futuro pueda haber más gente: una pareja, otros hijos”, explica.

En la Argentina uno de cada diez hogares tiene un solo adulto. De ellos, más del 79 por ciento es de una mujer a cargo de niños o adolescentes.

“Yo digo que esta es una familia monomarental. Si me dicen ‘mamá sola’ no me molesta, pero no me siento sola para nada. Al contrario, creo que tengo mucha gente atenta a nosotras”. El domingo Maia festeja su día por primera vez.

Por Marina Abiuso-TN