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Histórica empresa que produce leche, quesos y yogures, al borde del colapso

La firma santafesina lleva meses de incertidumbre productiva. Además de salarios adeudados, recibe denuncias de productores de leche

Un nuevo capítulo se está escribiendo por estas horas en relación con la histórica industria láctea Verónica. Si bien la empresa registra conflicto productivo desde hace meses, en las últimas horas se intensificó el reclamo de los productores de leche que entregan su materia prima a la fábrica, quienes aseguran que están quebrando por las deudas contraídas y muchos están cerrando los tambos.

Unos 150 productores de leche de Santa Fe se están uniendo en un reclamo contra los dueños de la empresa, para intentar que le paguen por la mercadería entregada. La situación es angustiante para los tamberos, ya que la actividad requiere de ordeñar todos los días y entregar la producción, algo que Verónica se llevó, industrializó, vendió, y no pagó lo acordado. 

Los tamberos estiman que en total, la empresa debe unos 60 millones de dólares en concepto de pago por la mercadería recibida, que en pesos significa una deuda total de casi 90 mil millones de pesos.

Lácteos Verónica: el impacto tranqueras adentro

La abultada cifra representa un importante número, pero que encuentra mayor impacto tranqueras adentro. El tambo es una actividad que necesita reinversión permanente, además de ser la más cultural y tradicional de las actividades de campo, y los tamberos se mantienen con la venta diaria de leche.

Muchos de los tamberos recibieron el campo de manos de sus abuelos, padres o tíos, y la última opción, siempre, es la de cerrar el tambo. Sin embargo, muchos de los tamberos que entregaron leche estos últimos 3 meses, están cerrando el tambo y destinando el campo a siembras de cultivos, ya que hay quienes acusan deudas de hasta 900 millones de pesos por la materia prima, y deberán tirar por la borda años de tradición por un mal negocio.

Irse antes del colapso total: la decisión de productores

Cecilia Sedran es productora agropecuaria de San Genaro, Santa Fe. Es una de las tantas damnificadas por el derrumbe financiero de Verónica, aunque en su caso logró limitar el daño a un mes de producción. "Nosotros, por suerte, tomamos la decisión bastante rápido. El primer mes que escuchamos un ruido bastante certero, decidimos irnos", relató.

Según explicó, los problemas comenzaron a mediados de año: "Por junio, julio, donde empezaron a estirarse cada vez más las fechas de cobro de la leche. Después llegó un momento que directamente empezaron a rebotar los cheques. Algunas fechas pagaban, otras no, y al final ya no pagaron nada".

Ese clima de rumores fue tomando forma concreta con el paso de las semanas. "Hace años que se escuchaban ruidos de la fábrica, pero nunca hubo algo en concreto. Esta vez las seguridades ya no estaban", explicó. En su caso, la deuda acumulada en apenas 30 días rondó los 15 a 20 millones de pesos. "Soy un productor muy chiquito", aclaró.

El tambo no puede esperar

A diferencia de otras actividades agropecuarias que permiten guardar mercadería, el tambo vive del día a día. "El tambo no puede esperar, vos tenés que ordeñar todos los días. La producción se saca todos los días, no podés almacenar la leche y esperar que esto se solucione. Estamos agarrados de pies y manos", describió.

La posibilidad de reubicar la producción tampoco fue sencilla. Ante la decisión de dejar de mandar la producción a Verónica, debieron buscar otras industrias en la zona, aunque no resulte una solución sencilla, ya que las industrias tienen sus cupos establecidos para producir lácteos. "La fábrica más cercana, en Centeno, llegó un momento que dijo: ‘No tomo más leche’. Y ahí, ¿a dónde vas? No es fácil reubicar", contó.

Pero el problema fue mucho más profundo para quienes siguieron entregando durante meses. Hay productores que llevan tres meses sin cobrar. "Tuvieron que salir a vender los animales y cerrar el tambo porque no tenían cómo solventar las deudas con sus proveedores", afirmó la productora.

Tambos que se cierran y no vuelven a abrir

Sedran fue contundente sobre lo que implica bajar la persiana de un establecimiento lechero. "Un tambo que se cierra no se vuelve a abrir mañana. En muchos casos ni siquiera vuelve a abrirse. Te desarmás de animales, de infraestructura, de todo un circo productivo que lleva años construir", explicó.

Además, señaló que el acceso al crédito para recomponer un tambo es extremadamente limitado. "No es que sacás un crédito a siete años para comprar vacas. Son vientres, no tienen cómo agarrarse de la garantía del bien. Los créditos son difíciles y te piden garantías que muchas veces no tenés", indicó.

Incluso los establecimientos de mayor escala quedaron al borde. En la zona se menciona el caso de un productor que entregaba 5.000 litros diarios y al que le deben unos 160 millones de pesos. "Hace 40 años que le entrega a la fábrica", remarcó. Ella, en comparación, producía unos 1.500 litros diarios.

Una deuda millonaria y desigual

Con base en la información que manejan los propios productores, el pasivo de la empresa es gigantesco. Son alrededor de 60 millones de dólares de deuda total. De eso, el 30% corresponde a productores. El resto se reparte entre transporte, proveedores, empleados y otros compromisos de la industria.

Dentro del grupo de tamberos, la situación es muy dispar. "Tenés al que le deben 20 millones como a mí y al que le deben 900 millones", detalló. En total, serían unos 150 productores afectados entre las zonas de Totoras, Clason, Lehmann y Suardi.

Promesas, espera bajo el calor y ninguna respuesta

La relación con los dueños de la empresa está completamente deteriorada. Sedran relató un intento fallido de diálogo con Alejandro Espiñeira. "Nos llegó un mensaje de que estaba en la planta. Fuimos los productores, esperamos dos horas, no nos querían atender. Cuando la mayoría se fue, recién salió y habló con dos o tres. Pidió paciencia", contó.

Pero la respuesta fue insuficiente. "¿Cuánta más paciencia? No hay ni voluntad de diálogo, ni de pago. Nada", afirmó. También remarcó que la planta no está operando normalmente: "Sus propias leches las están mandando a otro lado y están procesando leche de terceros"

Incluso surgieron rumores de posibles acuerdos con otras empresas para trabajar a fasón. "Me dijeron que esos contratos en enero se terminarían. Después, no se sabe qué va a pasar", advirtió la tambera.

Uno de los puntos que más desconcierto genera entre los productores es la negativa de los dueños a desprenderse de las plantas para enfrentar las deudas. Según se sabe, hay varias empresas grandes con intenciones de comprar Verónica, y se destacan dos extrajeras y una nacional. 

Un reclamo que no quiere quedar en silencio

Sedran sostuvo que los productores sienten que su drama quedó invisibilizado frente al conflicto laboral. "Nadie se acuerda de los productores. El mundo cree que el productor tiene cómo salir adelante y no: se están cerrando un montón de tambos, producciones que no se van a recuperar más", advirtió.

Además, alertó sobre el daño estructural que deja esta crisis. "Cuando la fábrica vuelva a abrir, también va a costar volver a juntar litros de leche y recuperar fuentes de trabajo", señaló.

Su testimonio resume el drama de un sector que quedó atrapado entre promesas de pago, cheques rechazados y una empresa que no da señales concretas de solución. Mientras tanto, decenas de tambos apagan sus equipos en silencio, empujados por una deuda que nunca dejaron de generar trabajando todos los días.

Histórica empresa que produce leche, quesos y yogures, al borde del colapso: debe u$s60 millones

Por Diego Mañas-IProfesional