El “Escudo de las Américas”, una coalición regional creada y liderada por EEUU bajo la Doctrina Donroe, se sirve de los gobiernos de derecha de la región para perseguir en la práctica los múltiples objetivos de seguridad nacional de Washington: contener el tráfico de drogas, la inmigración y la influencia de China.
Una docena de líderes derechistas de la región se sumó al “Escudo de las Américas” (Shield of the Americas) creado y liderado por Estados Unidos, una “gran coalición militar” para hacer frente al narcotráfico y la inmigración ilegal, de la que quedaron excluidos México, Brasil y Colombia, los tres con gobiernos progresistas.
El movimiento del presidente Donald Trump se encuadra en la Estrategia de Seguridad Nacional (NSE) de 2025, que recupera la Doctrina Monroe (1823) de hegemonía continental de EEUU ante las potencias europeas de la época para convertirla en “Doctrina Donroe”. El poder extracontinental, ahora, es China.
"De una vez por todas, nos desharemos de ellos. Necesitamos su ayuda. Solo tienen que decirnos dónde están", expresó Trump ante 12 presidentes invitados a su residencia de Miami. “Ellos” aludía a “carteles criminales” de drogas y de trata de personas, pero no resultó difícil asociar su mención con los líderes chinos.
La NSE estableció que Estados Unidos busca "restaurar su preeminencia en el Hemisferio Occidental" y presenta a China como "una economía depredadora" de los recursos de la región y globales.
"El Hemisferio Occidental [América] es absolutamente fundamental para la seguridad de EEUU", reafirmó Kristin Noem, la “enviada especial” de Trump para la iniciativa, designada después de perder el liderazgo de la fuerza anti migratoria ICE por violentas razias en Minneapolis que dejaron dos blancos nativos muertos.
Al Escudo se sumaron “nuestros mejores aliados de ideas afines”, según Washington. La list incluyó los presidentes José Raúl Mulino (Panamá); José Antonio Kast (Chile); Nasry Asfura (Honduras), Rodrigo Paz (Bolivia); Daniel Noboa (Ecuador); Rodrigo Chaves (Costa Rica); Javier Milei (Argentina); Luis Abinader (Dominicana); Irfaan Al (Guyana)i; Santiago Peña (Paraguay), Nayib Bukele (El Salvador) y la primera ministra de Trinidad y Tobago, Kamla Persad-Bissessar.
Faltaron los presidentes Claudia Sheinbaum, de México, el país con la frontera más extensa con EEUU y paso principal de inmigrantes indocumentados y drogas ilegales; Gustavo Petro, de Colombia, mayor productor de cocaína mundial, y Lula da Silva, de Brasil, los tres en mala relación con Trump y de orientación progresista. Tampoco fue Delcy Rodríguez (Venezuela), quien tras el secuestro de su antecesor Nicolás Maduro por EEUU, restableció las relaciones con Washington.
La Cumbre de las Américas, el escenario multilateral continental más importante, cada tres años, debía celebrarse en diciembre pasado en República Dominicana, pero se canceló, básicamente, porque Trump desistió de ir. La reunión de Miami, en cambio, se realizó bajo sus términos, sus metas y con 12 aliados derechistas.
Como explicó la publicación especializada Foreign Policy, tomada en conjunto la inclinación ideológica de la cumbre "sugiere que la administración Trump ve rédito en clasificar a los líderes latinoamericanos en dos grupos: aquellos que en gran medida están de acuerdo con la Casa Blanca y aquellos que no".
La cumbre con Trump en Mar-A-Lago (Florida) tuvo como destacado prólogo una reunión en el Comando Sur de su secretario de Guerra, Pete Hegseth, con los ministros de Defensa de 20 países, de tanta carga geopolítica como ideológica.
“Nos enfrentamos a una prueba esencial: si nuestras naciones serán y seguirán siendo naciones occidentales con características distintivas, naciones cristianas bajo Dios, orgullosas de nuestra herencia compartida”, dijo Hegseth.
Este largo párrafo de su discurso es ilustrativo:
“[el secretario alertó sobre el riesgo de ser] permanentemente divididos por otras fuerzas, desviados por fuerzas en competencia, el narco-comunismo radical y la tiranía anarquista, que amenazan a nuestros pueblos, nuestras fronteras y nuestras tierras soberanas en nombre de una falsa soberanía o una falsa paz; la migración masiva descontrolada que arrasa los recursos internos destinados a los ciudadanos que los merecen y que impulsa el crimen y la violencia sin control; o la creencia en el llamado globalismo que busca borrar nuestras identidades nacionales distintivas en nombre de la tolerancia, borrar nuestras fronteras en nombre de la compasión y borrar nuestro espíritu guerrero y aquello que nos hace fuertes en nombre de la llamada diversidad y la corrección política, una de las frases más tontas en la historia militar”.
El factor chino

"No se debería descartar que en la cumbre se presenten ideas más generales en materia de seguridad, como la situación del Canal de Panamá o el estrecho de Magallanes", explicó Carlos Solar, experto en temas de seguridad y defensa en América Latina del Real Instituto de Servicios Unidos de Reino Unido, a la BBC.
Los analistas asocian los planes estadounidenses para el Escudo con los intentos previos de anexar Groenlandia y retomar el control directo del Canal de Panamá, en ambos casos vinculados con la presencia real o temida de China.
El comercio entre América Latina y China creció en las últimas dos décadas hasta convertir al gigante asiático en el principal socio de Sudamérica y el segundo más importante de América Latina. Para potenciarlo, Perú y China inauguraron en 2025 el Puerto de Chancay, el más grande de Sudamérica, sobre el Pacífico.
En 2024, el intercambio de bienes y servicios entre China y América Latina alcanzó el récord histórico de 518.000 millones. Asimismo, Beijing prestó más de 120.000 millones a gobiernos de la región, según el CSIS.
Argentina tiene en Milei el aliado declaradamente más fiel de la Administración Trump, que rescató financieramente a su gobierno de un eventual default antes de las legislativas que terminó ganando el oficialismo en 2025. “Estaba unos puntos abajo y subió como un cohete”, le recordó Trump al presentar el Escudo.
Pero a la vez, el país tiene en China un principal socio comercial, como comprador de sus materias primas, y un prestamista clave a través de un préstamo swap de 18 mil millones de dólares. El gobierno mantiene buenas relaciones con Beijing pese a los furibundos ataques del presidente durante su campaña proselitista de 2023.
Migración y narcoterrorismo

Respecto de los años 80 y 90, cuando vinculó las cuestiones de seguridad regional con el tráfico de drogas provenientes de América Latina y consumidas mayormente por su población, Washington ha sumado a esa agenda durante la última década el factor de la “inmigración ilegal masiva”.
"Acordamos usar fuerza militar letal para destruir estos siniestros carteles y sus redes terroristas", dijo Trump en Miami, y los describió como “una amenaza para la seguridad nacional” con” habilidades militares muy sofisticadas”.
Petro objetó días después: “Se hacen reuniones de alianzas excluyendo a Colombia, cuando en el caso de la cocaína Colombia es esencial por su experiencia para erradicarla”.
“No fuimos a Miami, no critico que se hagan coaliciones políticas. Pero sí me parece que con 17 países pequeños, débiles y sin experiencia para enfrentar la cocaína, no se puede hacer un escudo del sur. Lo van a agujerear”, ironizó.
EEUU entre Ecuador y Colombia

En la nueva estrategia de seguridad de Washington, Noboa se ha convertido en un aliado clave sobre el Pacífico, y en confrontación con Colombia. En marzo, permitió el despliegue de fuerzas estadounidenses en Ecuador, durante la “Operación Exterminio Total” conjunta, formalmente para perseguir narcotraficantes.
Según Latin American Post, este despliegue funciona como la "luz verde" definitiva para que la Casa Blanca asuma la tutela de la seguridad interna en Ecuador, pese a que el año pasado, en una consulta popular, los ecuatorianos rechazaron la instauración de bases militares extranjeras.
Dos meses antes, desde el Foro Económico Mundial de Davos, el presidente ecuatoriano rompió con su par Petro y anunció la imposición de un arancel del 30% a las importaciones colombianas en concepto de “tasa de seguridad”, contra las reglas de la Comunidad Andina de Naciones (CAN).
Según Noboa, el país vecino no controla su frontera y Ecuador sufre por eso un tráfico de drogas y, entonces, recurre al mismo mecanismo usado por Trump para sancionar a Brasil en 2025: suba arbitraria de aranceles.
Bogotá respondió con reciprocidad arancelaria y el corte total del suministro eléctrico(proveía entre el 7% y 12% de la demanda ecuatoriana).
Como a Ecuador reemplazar la energía colombiana por generación térmica local le cuesta al país cerca de 2 millones de dólares al día, Noboa subió la apuesta y subió la tarifa de transporte de crudo colombiano por el oleoducto transecuatoriano de 3 a 30 dólares por barril (+ 900%).
“Es poco probable que la guerra comercial de Noboa con Colombia ayude a ninguno de los dos países a combatir el crecimiento de los grupos armados ilegales a lo largo de la frontera y puede, en cambio, perjudicar a las comunidades”, dijo Glaeldys González Calanche, experta de International Crisis Group.
“Este escenario -resumió la Revista Crisis en su newsletter semanal- es el resultado de una ‘tormenta perfecta’: un Ecuador que busca desesperadamente financiamiento y seguridad bajo el ala de la Casa Blanca, y una Colombia que se atrinchera en su retórica soberanista frente a lo que percibe como un asedio diplomático”.


