Misiones Para Todos

El fin de la discusión abstracta sobre quién subsidia a quién

Más allá de los gestos de distancia en la cúpula del gobierno provincial y de la foto que muchos esperaban y finalmente no se vio, hacía varios años que Encuentro Misionero (como se autopercibe ahora) no recuperaba con tanta claridad la centralidad de la agenda pública. El anuncio de eliminar la llamada “aduana paralela”, simplificar el régimen de Ingresos Brutos y exponer con datos la desigual relación fiscal con la Nación puso al oficialismo nuevamente en modo de iniciativa.

La medida tiene lecturas económicas y políticas: suspender por 12 meses el pago a cuenta en los controles fiscales implica admitir que ese esquema generaba distorsiones, malestar y un costo creciente para la imagen del gobierno. Pero, pese a los matices, la decisión fue mejor que no hacer nada.

Al mismo tiempo, le quita a la oposición uno de sus principales argumentos para criticar a la administración provincial y le obliga a discutir ahora la presión fiscal nacional con un reclamo concreto: que bajen IVA y Ganancias. Fue un golpe quirúrgico: tarde, pero necesario.

El dato más fuerte del discurso, sin embargo, no fue solo la eliminación de la aduana paralela. Fue la exposición del vínculo fiscal extremadamente injusto entre Misiones y la Nación. Según los números planteados por el gobernador Hugo Passalacqua, desde la provincia se generan alrededor de 476 mil millones de pesos mensuales en impuestos nacionales, pero vuelven apenas 170 mil millones por coparticipación. Equivale a recursos que podrían traducirse en salud, obras, salarios, boleto educativo, infraestructura y mejores condiciones de vida. Los ATN que vinieron en dos años no llegan al 10% de lo que se va en un solo mes.

El diagnóstico presentado es sólido. Misiones aporta mucho y recibe poco. El centralismo fiscal argentino no nació con este gobierno nacional, pero la gestión de Javier Milei decidió profundizarlo al cortar obras, programas y transferencias que históricamente funcionaban como compensación parcial para provincias perjudicadas en el reparto. En la práctica, el esfuerzo tributario de los misioneros termina financiando a un Estado nacional.

Y acá se impone la paradoja: durante años se instaló la idea de que el despilfarro de las provincias era subsidiado por Buenos Aires. El discurso, cargado de datos oficiales, invierte esa lectura y le pone fin a una discusión política abstracta: resulta que Misiones está subsidiando a la Nación. Se podría decir, entonces, que los misioneros, con su esfuerzo al pagar impuestos nacionales, están relegando la posibilidad de vivir mejor y tener salarios más altos a cambio de financiar gastos del Estado nacional, como los viajes de Milei a EE.UU e Israel, o la compra de propiedades que el ministro Adorni hace con su salario.

Los comparativos entre provincias vecinas también son contundentes. Según lo expuesto, cada formoseño recibe más del doble que un misionero por mes; cada chaqueño, un 70% más; y cada correntino, un 25% más. No se trata de confrontar con provincias hermanas, sino de mostrar la arbitrariedad de un sistema que castiga al misionero.

La única y más justa forma de medir el federalismo es con plata, constante y sonante. Lo demás es verso.

Oportunismo o oportunidad

Ahora bien, que la desigualdad sea real y concreta, y que la medida anunciada vaya en línea con un reclamo histórico de la gente, no significa que el oficialismo quede exento de crítica. La oposición tiene razón cuando señala que llega en un contexto de desgaste político y necesidad de recomponer la relación con la sociedad. También es válido observar que, al ser temporal y no surgir de un debate legislativo, la decisión deja dudas sobre su sostenibilidad. Si el esquema era tan problemático, la pregunta inevitable es por qué no se corrigió antes.

Por otra parte, al exponer con tanta claridad la situación de desventaja, el “misionerismo” cae en su propia contradicción: falta una confrontación política más consistente con el modelo nacional. En la provincia se denuncia el ajuste, la recesión y la desigualdad fiscal; pero en Buenos Aires, muchas veces, legisladores nacionales acompañan medidas del mismo modelo que luego critican acá. El federalismo no puede ser solo técnico y discursivo: se construye en los ámbitos donde se tensiona el poder.

En materia productiva, el discurso mostró otro límite. Misiones sigue apoyada en economías primarias y comercio. Ni siquiera en los mejores años de crecimiento económico se logró modificar estructuralmente esa matriz. Mucho menos será sencillo hacerlo ahora, en plena recesión nacional. Esto evidencia la falta de un plan más claro de desarrollo, industrialización y generación de cadenas de valor. La provincia necesita dejar de discutir cómo resiste para empezar a discutir cómo transforma.

El caso de la yerba mate es el mejor ejemplo. El gobernador describió correctamente el problema, pero no apareció una respuesta política fuerte para pequeños productores y tareferos. El reclamo judicial puede ser una herramienta, pero no alcanza. La yerba no es solo un expediente: es economía, cultura, territorio y sustento social. Si el mercado queda librado a la concentración, los más débiles vuelven a pagar el costo.

El ordenamiento de la rentabilidad yerbatera con el INYM nació de un reclamo político y social. Su solución es política, no judicial. Lo mismo aplica para el reparto del dinero federal: su solución es política, no técnica ni discursiva.

En cuanto al Estado provincial, hay un mérito que debe reconocerse: Misiones sostiene hace años un orden fiscal que la Nación recién ahora intenta conseguir a los golpes. La provincia no está quebrada, no perdió conducción administrativa y mantiene cierto equilibrio en medio de una crisis nacional severa. Pero ese equilibrio convive con deudas a proveedores, emergencia económica y salarios estatales que en muchos casos quedaron cerca o por debajo de la línea de pobreza. El ajuste en el empleo público no es neutro: puede tener consecuencia en la vida de las familias en los barrios.

Carrera electoral

Desde el punto de vista electoral, los anuncios funcionaron como un relanzamiento. Después de presentar Encuentro Misionero, el gobierno provincial necesitaba recuperar agenda. Lo consiguió. La eliminación de la aduana paralela, sumada al paquete de alivio fiscal impulsado por el intendente Leonardo Stelatto en Posadas, puede leerse como un contraataque coordinado. El oficialismo entendió que la situación era insostenible y decidió moverse.

El riesgo es que la decisión llegue demasiado tarde. Puede no impactar en el humor social, puede no traducirse en precios más bajos y puede no alcanzar para mejorar ventas. Pero en política, hacer algo siempre es mejor que dejar que el desgaste se acumule. La inacción también tiene costo.

A partir de ahora, la pelota queda en varias canchas. Primero, en la del comercio. Si la eliminación de la aduana paralela no baja precios ni mejora ventas, quedará más claro que el problema principal no era provincial, sino la caída del consumo provocada por la recesión nacional. En pocos meses se podrá medir si el obstáculo era el esquema fiscal misionero o si el verdadero causante del desplome del comercio, la construcción, la forestoindustria y el consumo es la motosierra nacional.

También queda la pelota en la cancha de la oposición, especialmente de La Libertad Avanza. No alcanza con criticar en los micrófonos para ser opción de gobierno. Si forman parte del partido que gobierna el país, tienen contactos, herramientas y responsabilidad política para conseguir soluciones para Misiones. No pueden limitarse a celebrar el ajuste nacional, con videos editados o posteos en X, mientras los vecinos se empobrecen en Posadas, Oberá, Eldorado o San Pedro.

La oposición seria debe controlar, fiscalizar y denunciar. Pero también debe gestionar, construir y conseguir cosas. Presentarse como abanderado de la transparencia o de la moral pública es apenas una parte de la tarea. Si quieren ser candidatos con posibilidades en 2027, deberán demostrar al ciudadano que pueden hacer algo concreto por la gente. Las redes sociales, el ruido y la indignación permanente no mejoran la vida de la gente. Para eso se necesitan acciones concretas y otra visión: ser servidores públicos y actuar como tales.

El deterioro de LLA por su falta de gestión ya empieza a verse en el Concejo Deliberante de Posadas. El año pasado se especulaba con un escenario parejo, con siete opositores y siete oficialistas. Sin embargo, el 10 de diciembre Dani Vigo fue electo presidente por 10 a 3. Y el jueves, el balance 2025 de la gestión de Stelatto fue aprobado por 11 a 2. Esos números muestran algo más que una votación: muestran quién construye gobernabilidad y quién queda aislado en la denuncia.

Para concejales opositores como Argañaraz y Horianski, potenciales candidatos de LLA en 2027, ese escenario representa un golpe político. No lograron construir consenso ni siquiera entre sectores opositores. Del otro lado, en silencio, el titular del HCD consolidó una mayoría que blindó al intendente y le bajó el precio político a quienes parecían firmes amenazas, pero no escalaron más allá del concierto de las redes sociales.

La historia misionera ofrece advertencias. Cristina Brítez, durante el kirchnerismo, y Martín Arjol o los Schiavoni, durante el macrismo, quedaron muchas veces atrapados en el rol de representantes de Buenos Aires en Misiones, más que de Misiones ante Buenos Aires. El resultado está a la vista: Brítez no pudo ganar ni en Eldorado una interna del PJ. La lección es simple: los votantes están acá, no en Capital Federal.

En esa comparación, Cacho Bárbaro marca una diferencia. Puede gustar más o menos, pero recorre el territorio, sostiene presencia y construye desde abajo. Eso le permitió sobrevivir durante décadas a distintos gobiernos nacionales y modas electorales. Por algo fue mencionado en el lanzamiento de Encuentro Misionero. Los que solo se cuelgan de marcas nacionales de ocasión —ayer Cambiemos, después PRO, hoy LLA— suelen descubrir tarde que una boleta nacional no reemplaza el trabajo territorial.

El discurso de Hugo Passalacqua fue, entonces, un movimiento relevante que sacudió el tablero. De cara a un escenario que inevitablemente se volverá más electoral en poco tiempo, la discusión ya no pasa por quién tiene el diagnóstico más ruidoso, sino por quién puede ofrecer resultados concretos.

Ahora se podrá ver si los representantes de La Libertad Avanza tienen predisposición para corregir la injusticia fiscal que hoy perjudica a Misiones y conseguir beneficios tangibles para sus habitantes. Al mismo tiempo, el “misionerismo” enfrenta su propio desafío: sostener la iniciativa, profundizar las reformas pendientes (electoral, judicial, transparencia) y reconstruir confianza más allá de un anuncio.

La responsabilidad, en definitiva, es compartida. El oficialismo no puede asumir que este giro alcanza para recomponer su vínculo desgastado con la sociedad, y la oposición debe entender que la visibilidad en redes sociales no reemplaza a la gestión. En un contexto de fuerte crisis, la política no debería medirse por discursos o likes, sino por la capacidad de ayudar, de manera concreta, a mejorar la vida de la gente.

Ese es el estándar que viene. Y esa es la única tarea de quienes eligieron ser "servidores públicos".

Por Luis Huls