Andrea Ricci es de Neuquén y participará de “Locos de la Patagonia”, donde atravesará caminos inhóspitos y rutas sin señal en una travesía de más de 3.000 kilómetros junto a otros 250 participantes.
La decisión llegó después de años de escuchar la invitación. Siempre estaba ahí, dando vueltas, como esas ideas que no terminan de concretarse pero que nunca desaparecen del todo. Esta vez fue distinto.
Andrea Ricci, 53 años, neuquina, madre, trabajadora y amante de la naturaleza, dijo que sí. Y ese sí la va a llevar a vivir una de las experiencias más exigentes y fascinantes de su vida: recorrer más de 3.000 kilómetros por la Patagonia en el rally “Locos de la Patagonia”.
Pero hay un detalle que vuelve su historia aún más singular. Andrea no va como acompañante ni como copiloto: va sola. Al volante de un Dodge M37 modelo 1960, enfrentará caminos inhóspitos, frío extremo, rutas sin señalizar y una convivencia intensa con más de 250 participantes en una travesía donde todo puede pasar.
“Es la primera vez que voy a participar de este rally porque en las otras ediciones por mi trabajo no había podido”, cuenta y agrega: “La verdad que estoy con muchas expectativas, con muchas ganas de que llegue el día”.

El rally comenzará el este sábado desde San Carlos de Bariloche y finalizará diez días después en El Calafate. No hay rutas fijas, asistencia oficial ni garantías. Solo hay una premisa: tener espíritu libre y que los vehículos sean (todos) anteriores a 1991.
En ese escenario, Andrea será una de las pocas participantes mujeres. En un universo históricamente dominado por hombres, su presencia no pasa desapercibida. Pero a ella, eso, no la inquieta. “No es un problema estar con hombres. Tengo hijos varones, trabajo con empleados hombres, tengo muchos familiares hombres… siempre estuve rodeada”, dice con naturalidad y se anticipa: “Creo que nos vamos a reír mucho”.
El viaje será exigente, sí. Pero también profundamente humano. Cada noche, los más de 250 participantes compartirán comidas, historias, anécdotas. “Es como un casamiento por noche durante diez noches”, describen quienes ya lo vivieron. Y en medio de ese universo itinerante, Andrea no solo manejará: también cocinará.
“Voy preparada para cocinar porque me encanta. Ya tenemos pensadas algunas cosas con mi marido”, cuenta. Porque si algo caracteriza a este rally, además de la aventura, es la convivencia.
Su marido es Sergio Pérez. Y aunque viajarán juntos, no lo harán en el mismo vehículo. Él estará al mando de un imponente camión Iveco 4x4 traído desde España, preparado especialmente para enfrentar terrenos extremos. Pero su rol va más allá de competir.

Sergio es, de alguna manera, el “ángel guardián” de la caravana. En su camión lleva herramientas, repuestos y todo lo necesario para asistir a quienes queden varados en el camino. Porque en este rally no hay auxilio externo: los propios participantes se ayudan entre sí.
Si alguien se queda, Sergio estará ahí. Si alguien se encaja, también y si alguien necesita una mano, él será uno de los que aparezca. Es una lógica que define el espíritu del evento: nadie llega solo.
Mientras tanto, Andrea avanzará con su Dodge 1960, un vehículo tan noble como desafiante. Sin lujos, sin comodidades excesivas, con lo justo y necesario.
La previa
“Estamos ultimando detalles de luces, de calefacción… porque no tenía calefacción”, cuenta entre risas. La preparación es constante, pero siempre en los tiempos que permite el trabajo.
“Vamos mechando el trabajo con los preparativos”, explica. Porque la vida sigue mientras la aventura se arma. También hay logística: comida, ropa, abrigo. “No podemos llevar todo, así que vamos con lo justo. Habrá que lavar o usar dos veces si no se ensucia”, dice, con esa mezcla de pragmatismo y entusiasmo que define a quienes se animan a este tipo de desafíos.
El recorrido no es menor. Durante diez días atravesarán caminos de ripio, estepa, zonas sin señal, posibles vados, heladas intensas y condiciones climáticas cambiantes. Desde la ruta 40 hasta senderos apenas marcados, cada jornada tendrá su propia dificultad.

Y como si eso fuera poco, cada día incluirá una “prueba”: empujar el vehículo, cantar en público, sacar fotos, disfrazarse, no pinchar una rueda. Nada está librado al azar. Pero todo puede fallar y ahí es donde aparece lo más interesante.
“Me gusta mucho la aventura, la vida, la naturaleza… todos los desafíos son lindos para mí”, dice Andrea. “Creo que este va a ser un desafío lindo por el clima, por la gente, por las situaciones que van a surgir”, añade.
Andrea sabe que habrá frío. Que habrá cansancio. Que habrá momentos difíciles. Pero también sabe que hay algo más grande en juego. Esa mezcla de incertidumbre y emoción que solo aparece cuando uno sale de lo conocido.
El rally “Locos de la Patagonia” no premia la velocidad. No gana el más rápido. Gana el que llega. O el que, incluso sin llegar, vuelve con historias. Y en ese sentido, Andrea ya empezó a construir la suya. Una historia que habla de animarse. De salir del lugar esperado. De romper, sin estridencias, ciertos moldes.
Porque, como ella misma dice, no se trata solo de manejar un vehículo antiguo en condiciones extremas: se trata de decidir ir, de confiar y de animarse. “Sé que mi esposo estará cerca, pero no al lado. Acompañando desde otro rol, sosteniendo desde la experiencia, desde la mecánica, desde la ayuda”, explica.
Y en ese contexto, su figura toma otra dimensión: cada vez más mujeres se animan a ocupar espacios históricamente ajenos. De que el límite, muchas veces, está más en la mirada que en la capacidad. El viaje, asegura, entre risas, ya empezó “mucho antes de arrancar el motor”.
Por Cecilia Corradetti-TN

