Misiones Para Todos

¿El movimiento que protagonizó el 17 de octubre cede paso a una democracia facciosa?

La Justicia Social como aberración

“Cuando uno elige el mal menor, también está eligiendo el mal”.

Claudio Lozano

Economista.

Unidad Popular e IPYPP

Los riesgos del proyecto dolarizador

A cualquier interesadx en la política capaz de ejercer un juicio crítico sobre la realidad, no le costará coincidir con la idea de que el rediseño económico – social de la Argentina producido a sangre y fuego por la última dictadura, cuatro décadas después de recuperado el orden constitucional nos enfrenta a una oferta electoral cuyos candidatxs en condiciones de imponerse en comicios nacionales, más allá de matices discursivos o gestuales, muestran plena coincidencia en sostener la matriz productiva vigente, de carácter agroexportador y extractivista, orientada hacia un proceso de acumulación por desposesión de bienes y servicios esenciales (baste con reparar en el reciente fallo contra YPF, caso testigo de lo que le espera al litio, a los minerales, a las vías navegables, etc.) 

Así, desde hace varios años, con un límite impuesto por el movimiento obrero organizado más importante de Nuestra América, los movimientos sociales más dinámicos de la región, y una vocación democrática desplegada cada 24 de marzo, nuestro país padece un proceso de ajuste cuyo instrumento principal, e irrefrenable hasta ahora, es la inflación, que lejos de encontrar su origen en el gasto público – como explican distintas visiones de una derecha que, retomando el ideario martindehocista de 1976, procura  resolver en su favor el empate hegemónico vigente – constituye un mecanismo establecido de confiscación de los ingresos populares. 

El planteo de la dolarización enarbolado por quien se presenta como el candidato más competitivo – que en un país sin dólares conduce inexorablemente a la hiperinflación – está destinado, entre otras cosas, a destruir herramientas del Estado, devaluar el peso, licuar salarios, y generar endeudamiento. 

Aunque cuenta con un electorado sumamente heterogéneo y carece del aparato militar y evangelista que apoyó a Bolsonaro, de la base de clase media pinochetista con que contó Kast en Chile, o de la que tuvo el uribismo en Colombia, el fulano por el que menos apostaba el “círculo rojo”, a diferencia de sus adversarios, que responden mayormente a grupos empresarios locales, lo hace a fondos de inversión muy poderosos y fundamentalmente extranjeros, que vienen por todo, como Black Rock.

Sin ir más lejos, elBanco Barclay’s, una de las entidades más importantes de Wall Street incluso cuando se analiza a nuestro país, publicó un reporte lapidario sobre su situación. El informe – titulado “Argentina, peor antes que mejorar” – les recomienda a sus clientes desarmar sus inversiones en papeles de la deuda, dada la incertidumbre frente a las próximas elecciones generales, que más que partir de un escenario de tres tercios lo hacen desde uno de cuatro cuartos, dado que el caudal de ausentismo, voto en blanco y anulado, si algo intentó expresar fue un rechazo a la oferta electoral de magnitud equivalente al porcentual obtenido por cada candidatx.

Sin embargo, no hay lugar para sorpresas. Como explicaron oportunamente Aram Aharonian y Álvaro Verzi Rangel (Co directores del Observatorio en Comunicación y Democracia y del Centro Latinoamericano de Análisis Estratégico) en una recomendable nota publicada en el portal Nodal, la internacional capitalista existe, la moviliza el movimiento libertario de extrema derecha (en inglés los llaman libertarians) y, obviamente, está muy bien financiada: funciona a través de  un inmenso conglomerado de fundaciones, institutos, ONGs, centros y sociedades unidos entre sí por hilos poco detectables, entre los que se destaca la Atlas Economic Research Foundation, o  Red Atlas. 

Vale la pena recordar que, en el Foro Latinoamericano de la Libertad organizado por dicha red, que tuvo lugar en mayo de 2017 en el lujoso Brick Hotel de Buenos Aires, con presencia del presidente argentino Mauricio Macri y el escritor peruano-español Mario Vargas Llosa, se debatió cómo derrotar al socialismo en todos los niveles, desde las batallas campales en los campus universitarios hasta la movilización de un país para reclamar la destitución de un gobierno constitucional, como en Brasil. 

A todo esto, un actor global tan gravitante como el FMI otorga una tregua provisoria al gobierno saliente, a la espera de incrementar exponencialmente sus exigencias ante quien resulte ganador.

Como queda de manifiesto, estamos ante un escenario muy desordenado y con muchas alternativas abiertas, que si algo admite precisar es que ninguna de las ideas hegemónicas puede sostenerse en el tiempo sin un significativo recorte de las libertades democráticas y – sobre todo – una escalada represiva de proporciones. 

La amenaza de retroceder en cuatro patas hacia una era de oscurantismo 

El resultado de las elecciones PASO sorprendió a mucha gente. El inesperado protagonismo que ganó el libertario Javier Milei (La Libertad Avanza) dio origen a múltiples interpretaciones. Entre ellas, algunos apuntaron a un factor, que se consideró secundario, pero que podría haber incidido más de lo que se cree: la creciente oposición social a las políticas de género, tal como señala un estudio que impulsó laFacultad de Psicología de la Universidad de Buenos Aires (UBA), en el que se sugiere que este tipo de acciones públicas podrían estar pesando más de lo que se cree en la campaña electoral. Este es solo uno de los tantos indicios de lo que para algunos analistas constituye el cambio del ciclo inaugurado en 1983. 

Hay otros. El hotel donde se alojó Milei para el cierre de su campaña electoral, Alejandro I, actualmente está en manos de Rubén Levin, sobrino de Marcos Levin, el empresario que actualmente es juzgado por secuestros y torturas cometidos a principios de 1977 en perjuicio de 17 trabajadores de La Veloz del Norte. Por aquella época la empresa le pertenecía, y el hotel por algunos años estuvo también bajo su responsabilidad. 

A esta altura de los acontecimientos, corresponde subrayar que la ultraderecha en ciernes no solo se propone demoler el Estado y pulverizar la moneda nacional, sino librar a su vez una batalla cultural que no apunta solo a desmontar 40 años de conquistas en materia de derechos humanos, sino que su denuncia sobre la vigencia de una supuesta “historia tuerta” pretende poner en tela de juicio desde el genocidio originario que sufrió Nuestra América hasta la dimensión de las consecuencias que tuvo el plan de exterminio sistemático de opositorxs aplicado a partir de 1976, pasando por desprestigiar incluso a los más encumbrados referentes de nuestras Guerras de Independencia. 

Efectivamente, muy a pesar de que en ningún país de nuestro continente se conmemora el “Día de la Hispanidad”, la candidata a vicepresidenta por La Libertad Avanza, Victoria Villarruel, se refirió al 12 de octubre como el día en que “dos culturas se unieron”, cuando cualquier escolar sabe que la llegada de los europeos al continente implicó la aniquilación de al menos el 90% de los pueblos originariosdesplegados en la región. 

Mientras que Emilio Ocampo, elegido porMilei para cerrar el Banco Central, un patricio que se graduó en Economía en la UBA y tiene un master en Chicago, la cuna del monetarismo, viene sosteniendo que la idea de San Martín como “padre de la Patria”, es un “mito”. Lo aseguró en una entrevista de 2017, a raíz de una investigación, afirmando que “Si uno es el Libertador de América, ya, de por sí, mira a los demás países desde otro escalón. Alimenta un poco más la idea de excepcionalidad y superioridad, algo que, a los argentinos, se les critica desde tiempo inmemorial”. Para completar su currículum baste con saber que este descendiente de Marcelo Torcuato de Alvear y pariente de las hermanas Victoria y Silvina Ocampo, trabajó en los Estados Unidos como ejecutivo del Chase Manhattan, Salomon Brothers y Morgan Stanley. De vuelta en la Argentina, fue director del Centro de Estudios de Historia Económica de la Universidad del CEMA y miembro del Consejo Académico de la Fundación Libertad y Progreso, otro think-tank neoliberal, en el que figura Manuel Solanet, ex funcionario de la dictadura. Datos que por lo visto ignora o considera irrelevante gran parte del electorado que viene oxigenado a esta calaña de gente. 

Recapitulando – y a propósito del trajinado tema de la violencia política en Argentina -, valdría la pena recordar que el Siglo XX consagró a nivel global a la violencia como ejercicio de la política por otros medios (baste con mencionar apenas los ejemplos de Auschwitz e Hiroshima), lo cual habilita a interrogarse si la temeridad argumentativa de la variopinta fuerza política a que venimos refiriéndonos no está apuntando a legitimar la “banalidad del mal”, aquel concepto acuñado por la filósofa alemana Hannah Arendt para describir cómo un sistema de poder político puede trivializar el exterminio de seres humanos cuando se realiza como un procedimiento burocrático ejecutado por funcionarios incapaces de pensar en las consecuencias éticas y morales de sus propios actos. 

Pues así están las cosas, hasta que el sólido patrimonio humanista de nuestro pueblo, les ponga coto. 

El campo popular en Modo Crisálida 

Haciendo gala de algunos de sus despropósitos, Milei, ratificó recientemente que en caso de llegar al gobierno convocará a sesiones extraordinarias del Congreso para impulsar una reforma del Estado, la desregularización del mercado de trabajo, la apertura de la economía y la eliminación del Banco Central. 

En tanto, la CGT está convencida de que Mauricio Macri trabó una alianza estratégica con el economista anarco – liberal. Tal conclusión surgió de una serie de encuentros que mantuvieron algunos dirigentes con operadores del “libertario”, quien hasta ahora tiene como único respaldo formal en el sector al gastronómico Luis Barrionuevo. La evaluación de los gremialistas es que uno de los lazos que terminaron de unir al ex presidente y al candidato de La Libertad Avanza es su común aversión a la legislación laboral vigente.

Por su parte, desde la “Década Ganada” al fracaso de Daniel Scioli, pasando por la disolución de Alberto Fernández, hasta llegar a la significativa desconfianza que inspira Sergio Massa, el peronismo institucional no ha logrado detener la “uberización” del trabajo. A partir de la irrupción del movimiento gestado al calor del 17 de octubre de 1945, el sujeto social que protagonizó dicho acontecimiento ha cambiado radicalmente, sin que eso implique que en su composición actual no vaya a resistir contra las amenazas que le depara el horizonte inmediato.

Si bien es cierto que dos de las tres opciones con mayores chances de cara a las elecciones nacionales coinciden en el propósito de aniquilar la organización popular, el candidato oficialista – cuya trayectoria individual acaso sea aún más turbia que la de sus contendientes – llega a tal disyuntiva altamente condicionado por la configuración de su frente interno, aunque debe admitirse que, en cualquier caso, sin romper con el FMI el destino colectivo irá de mal en peor, y en la continuidad de un endeudamiento crónico hay plena coincidencia entre ellxs. 

No obstante, un país cuyo potencial en bienes comunes explica, entre otras circunstancias, nuestra integración a los BRICS junto a 6 países de los 67 que solicitaron entrar, reúne todas las condiciones necesarias para plantarse ante el mundo y exigir un replanteo de la deuda, lo que mal puede exigir una clase política ideológicamente colonizada por el Norte Global, que por cierto integra plenamente el farsante de Milei. 

En consecuencia, se impone al campo popular comprender que – en tanto hay 6% de desocupación, pero el 49% de la población laboral está en condiciones de precariedad, informalidad e ilegalidad – ya no hay posibilidad de redistribución del ingreso exclusivamente sobre la base del salario, y deben considerarse otro tipo de intervenciones de carácter universal para reconstruir pisos mínimos de ingreso entre los sectores más castigados. 

Además, el proceso de internacionalización del capital obliga a rediscutir el tema financiero, cambiario, y el comercio exterior, frente a un Estado dominado por ese poder mundial, lo cual demanda involucrar a la comunidad mediante mecanismos novedosos como mesas de concertación, a fin de concebir un plan antiinflacionario popular y no continuar parchando los que tanto sufrimiento han causado.

Y un proyecto verdaderamente popular requerirá muy otro manejo de la renta ya no solo agraria, sino también minera, pesquera, en fin, un excedente que, apropiado por el Estado y redistribuido en forma adecuada puede reconstruir nuestro país en favor de su pueblo. Países como Noruega lo han llevado a cabo sin mayores inconvenientes, y no se trata precisamente de un país socialista. 

La crisis civilizatoria en curso demanda a lxs nostramericanxs tener más en cuenta que nunca que para el concepto ancestral de Pacha Mama todo es sujeto y, por ende, digno de máximo cuidado por parte de la comunidad.

La disputa en curso por una nueva hegemonía mundial ofrece inmejorables condiciones para la implementación de políticas soberanas. Eso sí, para implementarlas hará falta contar con una condición que no parece abundar: El patriotismo. –

Por Jorge Falcone- La Gomera de David