Las tensiones comerciales entre Estados Unidos y Canadá reabren el debate sobre el futuro del T-MEC. Mientras algunos países latinoamericanos podrían encontrar oportunidades, otros afrontan nuevos riesgos y desafíos.
Las relaciones comerciales entre Estados Unidos y Canadá atraviesan una etapa de creciente tensión. Las disputas arancelarias, las diferencias sobre política industrial y la revisión del T-MEC han reabierto dudas sobre el futuro de una de las zonas económicas más integradas del mundo. La pregunta es inevitable: si estos dos socios históricos del norte se distancian, ¿pueden surgir ganadores en América Latina?
Las oportunidades existen, pero expertos consultados por DW coinciden en que el panorama es más complejo que una simple redistribución de beneficios comerciales.
La nueva política estadounidense y el reto de la diversificación
Para José María Ramos, especialista en relaciones exteriores de México y profesor del Colegio de la Frontera Norte (COLEF), las tensiones actuales responden a un cambio estructural en Washington. Según el experto, Estados Unidos impulsa una estrategia de "nacionalismo económico" destinada a fortalecer sus capacidades productivas y su posición geopolítica frente a China.

Por otro lado, esta estrategia proteccionista está generando incertidumbre entre sus socios. Para Javier Díaz, economista con experiencia en negociaciones comerciales de Colombia y presidente de la Asociación Nacional de Comercio Exterior (Analdex), la principal afectada de la actual política estadounidense es la credibilidad comercial del país.
Durante décadas, la integración norteamericana fue vista en América Latina como un modelo de éxito. Javier Díaz recuerda que el antiguo TLCAN (NAFTA por sus siglas en inglés), sustituido después por el T-MEC, era "el ícono" al que muchos países aspiraban a acercarse. Hoy, en cambio, "el impacto inicial de todo este mundo de aranceles desatado por Trump es la pérdida de confianza", dice a DW. "Uno ve a los Estados Unidos como un socio que ya no es confiable porque, a pesar de los acuerdos, [estos] no se cumplen". "Teníamos [tratados de libre comercio] firmados (…) y Estados Unidos los desconoce", asegura Díaz. Por ello, el experto defiende una mayor diversificación hacia América Latina, Europa y Asia.
¿Hay ganadores en América Latina?
Algunos países podrían encontrar oportunidades en un escenario de mayor distancia entre Washington y Ottawa.
Canadá dispone de más margen que México para diversificar mercados y reforzar relaciones con otros socios. Eso podría beneficiar indirectamente a exportadores latinoamericanos de minerales críticos, energía o productos agrícolas, especialmente en países como Brasil, Chile, Perú o Argentina.
No obstante, Díaz se muestra escéptico ante la idea de grandes beneficiarios. Incluso respecto a Brasil, un candidato habitual en este tipo de análisis, el experto considera que la ventaja sería más política que económica, "porque Brasil les dice: '¿sí ven? Yo les decía que ese negocio con Estados Unidos no era conveniente'. Políticamente, creo que gana Brasil".
México: menos T-MEC, más bilateralidad
Mientras otros países pueden buscar alternativas comerciales, México sigue profundamente integrado a la economía estadounidense. Por eso, la cuestión no es tanto si puede diversificar, como qué tipo de relación emergerá si el T-MEC sigue perdiendo peso frente a acuerdos más directos.
José María Ramos considera que esa transformación ya está en marcha. "Las negociaciones han sido bilaterales", afirma al describir la tendencia de la actual administración estadounidense.
Según el investigador, un eventual debilitamiento del T-MEC no implicaría necesariamente una menor integración económica. Más bien podría reforzar una lógica de acuerdos directos y revisiones frecuentes. La propuesta estadounidense de negociaciones y evaluaciones anuales refleja precisamente esa dinámica.
México parte además de una posición ventajosa. Ramos destaca su importancia en sectores como la automoción, los semiconductores, los minerales críticos y las cadenas de suministro asociadas al nearshoring (estrategia que consiste en trasladar la producción a un país cercano). "México es mucho más estratégico que Canadá", sostiene.
Esa realidad ha dado lugar a lo que define como una "dependencia asimétrica". Estados Unidos mantiene la posición dominante, pero al mismo tiempo necesita a México para consolidar cadenas productivas regionales y competir con China en sectores considerados estratégicos.
Por ello, el mayor riesgo para México no sería quedar fuera de Norteamérica, sino pasar de un marco relativamente estable como el T-MEC a una relación más polarizada políticamente, más bilateral y sometida a renegociaciones constantes.
El papel de China será decisivo
En última instancia, ambos expertos coinciden en que el trasfondo de estas tensiones va mucho más allá de Canadá.
Ramos sostiene que el futuro de la integración norteamericana estará condicionado por la competencia tecnológica y económica con China. Díaz, por su parte, considera que la incertidumbre creada por Washington empujará a muchos países a buscar mercados alternativos en continentes como el asiático y a acelerar la diversificación comercial.
La consecuencia no será necesariamente la aparición de grandes ganadores latinoamericanos. Más bien parece anunciar una reorganización gradual de las relaciones económicas del continente, en la que México reforzará su papel estratégico frente a Estados Unidos, mientras otros países podrían buscar reducir su dependencia de un socio que ya no perciben tan fiable como en el pasado.
Por Carlos Muros - DW

