La sorprendente captura de Nicolás Maduro en Venezuela por parte de los EE.UU. de Donald Trump acaso corra del foco en ciertos medios la obsesiva presencia del “escándalo” de la AFA. Al menos por algunos días. Pocos, seguramente. Entre ello y las vacaciones de jueces y fiscales, puede resultar un buen momento para algunos apuntes al respecto.
Con el arranque de la feria judicial de enero, formalmente las investigaciones y los procesos abiertos por la corrupción entran en un paréntesis cronológico. Más allá de que quedan fiscalías y juzgados de guardia, el parate momentáneo ofrece la posibilidad de observar las diferentes, caprichosas e interesadas varas con las que se miden muchas irregularidades. De acuerdo, claro, a quién se involucre. La corrupción siempre es la del lado de enfrente.
Está lejos de erigirse en un fenómeno nuevo. Los ejemplos resultan tan clásicos como abundantes. Y adquieren un brillo inigualable, sobre todo cuando se ponen en juego fondos públicos o hay funcionarios involucrados.
A esta lógica contribuye en gran medida buena parte de la clase política, experta en buscar y destacar la paja en el ojo ajeno para su provecho. Hacen su invalorable aporte muchos medios y periodistas que parecen tuertos, se autoperciban o no como militantes. Y consigue cartel francés en la marquesina nada menos que la Justicia, que debería cumplir su rol en vez de caer bajo sospecha de parcialidad o impunidad.
Como un homenaje a Jorge Lanata, de cuyo fallecimiento se cumplió un año y fue quien le puso nombre al fenómeno, esa doble vara podría explicarse desde “la grieta”. Kirchnerismo vs. antikirchnerismo. Y viceversa.
Ese razonamiento justificaría las creencias en los sectores duros de cada espacio político de que no se hace justicia. Haya o no condenas. Haya o no pruebas.
Así, para los kirchneristas hay una persecución contra Cristina Fernández de Kirchner: la condena por Vialidad se basó en comprobaciones frágiles y el juicio de los cuadernos se sustenta en fotocopias adulteradas y en confesiones interesadas de arrepentidos. Difícil de entender entonces cómo se enriquecieron tanto los Kirchner como su círculo de proximidad.
A la inversa, el antikirchnerismo celebra la avanzada judicial y denuesta cuando la lupa se posa sobre ellos. Sigue sin aclararse qué pasa con las causas del Correo y de los parques eólicos de la familia Macri. O cómo Javier Milei rechaza cualquier anomalía en la estafa de la cripto $Libra, de la que fue un personaje clave, o en las coimas que su examigo, exabogado y exjefe de la Agencia de Discapacidad (Andis) enunció en unos audios pecaminosos, involucrando hasta a la hermanísima presidencial.
Gracias a la grieta, resulta que mucha de la misma gente que iza y agita la bandera de la transparencia para ciertos casos la baja y la esconde para otros. Republicanismo selectivo.
La fractura política esclarece mucho, pero no todo. Ahí está el caso de las comisiones que cobraron brokers privados por seguros contratados por el Estado, en los que está procesado Alberto Fernández. Se volvió tan insignificante el expresidente que ni siquiera logra que lo cobije la grieta: nadie sale a defenderlo.
Hay más ejemplos de casos de corrupción que saltan las divisiones partidarias. Uno emblemático es el de Juan “Chocolate” Rigau y los ñoquis de la Legislatura bonaerense. ¿Será porque ese financiamiento ilegal abarcó a casi todas las fuerzas políticas con algún peso? Participación necesaria u omertà, salvo honradas excepciones.
Peor es lo que viene sucediendo en Rosario, con insuficiente repercusión en los medios porteños, mal llamados nacionales. Se intenta desmantelar una red que protegía a los narcos y lavaba su dinero, de la que formaban parte hasta jueces y fiscales, funcionarios impositivos, abogados, financistas y empresarios.
En varias ocasiones, el parsimonioso andar judicial para combatir estas prácticas, cuando no hay directamente complicidad, ayuda a su persistencia. La letanía del Consejo de la Magistratura para despedir jueces o de los gobiernos para cubrir vacantes conspira contra una Justicia más justa, si vale la redundancia. Qué decir si ni siquiera les llama la atención a magistrados llevados por una empresa de comunicación a Lago Escondido, con el fin de distraerse del estrés cotidiano.
Casualmente, esa misma corporación lidera la ofensiva contra la AFA de Claudio “Chiqui” Tapia. Con récord de tapas de diario y horas en radio y TV, el Grupo Clarín ha decidido adentrarse en las profundas oscuridades administrativas de la entidad madre del fútbol argentino. Que no es un organismo público, se aclara.
Tapia, el tesorero Toviggino, el intermediario Javier Faroni, el financista Ariel Vallejo y el resto del séquito deberán rendir todas las cuentas que les reclame la Justicia. De hecho, hay múltiples averiguaciones configuradas bajo los presuntos delitos de administración fraudulenta, lavado de activos y retención indebida de aportes, entre otros. Carne hay.
Llama la atención el momento del destape. Tapia preside la AFA desde 2017 y jamás fue un canto a la luminosidad de procedimientos. En vez de un súbito y bienvenido reclamo de claridad, ¿habrá influido la caída de algún contrato televisivo? Hay quienes recuerdan una andanada similar contra Julio Grondona, opaquísimo mandamás de la AFA durante cuarenta años, recién cuando canceló sus acuerdos con Clarín para parir el Fútbol para Todos del kirchnerismo. ¿La grieta o negocios?
El incesante bombardeo sobre Tapia omite, además, ciertas contradicciones. Se hace hincapié en que el Chiqui es funcionario público al presidir la Ceamse, nombrado por Axel Kicillof, pese a que al organismo ecológico llegó de la mano de Macri. Sin embargo, nada se dice de lo que debería hacer con esta AFA “escandalosa” uno de sus principales patrocinadores: YPF, la petrolera de mayoría estatal.
Resulta también enternecedora la entronización de Juan Sebastián Verón, el presidente de Estudiantes de La Plata, por desafiar a Tapia. Hasta Milei se subió a ese tren. Es el mismo Verón que hace veinte años le pidió personalmente a Néstor Kirchner que intercediera ante el entonces –y actual– intendente platense, Julio Alak, para que les permitiera avanzar con el nuevo estadio del club.
“Sin Néstor no lo hubiéramos logrado”, admitió la Brujita, que reconoce poner sus intereses (y los de la institución que encabeza) por encima de su ideología. Como tantos, aunque eviten confesarlo.

Por Javier Calvo-Perfil

