“Este boludo nos va a hundir a todos”. El funcionario, que apagó el celular antes de compartir en voz baja su preocupante diagnóstico sobre el escándalo sin fin de Manuel Adorni, ejemplifica la incomodidad creciente en el Gobierno con el caso.
"Este boludo nos va a hundir a todos”. El funcionario, que apagó el celular antes de compartir en voz baja su preocupante diagnóstico sobre el escándalo sin fin de Manuel Adorni, ejemplifica la incomodidad creciente en el Gobierno con el caso.
Claro, es más sencillo en términos políticos transmitir la irritación con el aún Jefe de Gabinete que con quienes tienen la responsabilidad total de mantenerlo en el cargo, la hermandad presidencial.
Nadie en el oficialismo sabe a ciencia cierta el por qué de ese blindaje a Adorni, que ningún otro integrante del Poder Ejecutivo logró en estos más de dos años de gestión, en los que se batió el récord de eyecciones en altos puestos.
Las conjeturas parten de la lógica política tradicional. Que es un pararrayos que absorbe toda la negatividad contra los Milei. Que no lo quieren entregar al lobby de la justicia, la oposición y la prensa. Que se trata de una campaña para condicionar o golpear al mileísmo. Surgieron hipótesis más escabrosas, al amparo de la catarata de gastos que ya aparecen en la investigación judicial, sin la justificación correspondiente. En dólares. En efectivo. En propiedades. En refacciones. En viajes. Y con chances de que haya más “sorpresas”.
La diputada ex libertaria Marcela Pagano asegura que Adorni evita ser despedido porque es el cajero de los Milei. Ningún miembro del Gobierno se anima siquiera a mencionar esa posibilidad.
Sí emergen allí versiones sobre cuán involucrado pudo estar el entonces vocero presidencial en la cripto estafa $LIBRA, promovida a partir de un posteo de Javier Milei, con la intermediación de la hermanísima Karina, según otra causa judicial que va a paso de tortuga. Sin embargo, la mayor preocupación dentro del Gobierno sobre el escándalo Adorni excede a los resultados de las encuestas que les llegan respecto a una caída en la imagen.
Se expande la prevención de que este episodio de súbito ascenso del tren de vida de Adorni desnude el posible reparto de fondos extra entre algunos altos funcionarios. Lo que comúnmente se conoce como sobresueldos. Esa sospecha se robusteció en los últimos días a partir de una columna en Clarín, aunque se disparó un mes atrás en la fiscalía de Gerardo Pollicita, que indaga el caso Adorni, tal como se describió en este mismo espacio (Trances de un Gabinete atrofiado).
Más allá de las ratificaciones presidenciales sobreactuadas, que apenas logran estirar la agonía política de Adorni (ya bajado de la carrera electoral porteña), lo único que le falta a este Gabinete atrofiado y plagado de intrigas es que el escándalo los arrastre al fango de los sobresueldos. Sería un canto a la casta, con efectos tan imprevisibles como riesgosos.
Por Javier Calvo-Perfil

