En un momento donde la cadena yerbatera atraviesa una de sus crisis más profundas, una noticia encendió una alarma que va más allá de lo simbólico: una yerba de Brasil será sponsor de la selección Argentina. No es un dato menor. Es, en realidad, una señal.
Nuestro país es el principal productor y exportador de yerba mate del mundo. Y Misiones concentra cerca del 90% de esa producción. Detrás de cada kilo hay miles de familias, colonos, tareferos, cooperativas y pequeñas economías regionales que hoy están trabajando por debajo de sus costos.
Frente a esta realidad, abundan los diagnósticos y también las propuestas. Algunos sostienen que la solución pasa por devolverle al INYM la facultad de fijar precios de referencia. Otros proponen la creación de un instituto provincial. También están quienes plantean la necesidad de acuerdos entre productores para regular la cosecha, o incluso avanzar hacia esquemas más cooperativos.
Todas son discusiones válidas.
Pero ninguna, por sí sola, alcanza. Porque hay una variable que atraviesa a todas las demás y que muchas veces queda en segundo plano: la demanda.
Si queremos que el sector salga adelante, necesitamos vender más. Necesitamos que el mundo conozca la yerba mate argentina, sus variedades, su historia, su cultura y también sus derivados.
Y en ese punto, aparece una oportunidad enorme: la visibilidad global. El fútbol, y especialmente la Selección Argentina, es una de las vidrieras más poderosas del planeta. Lo que ahí se muestra, se multiplica en millones de hogares en todo el mundo. Por eso, la pregunta es inevitable:
¿no debería ese espacio servir también para mostrar lo que producimos?
No se trata de cerrar mercados ni de rechazar la competencia.
Se trata de entender que, cuando hay miles de productores en crisis, cada oportunidad de visibilizar lo propio cuenta. Que una yerba Argentina acompañe a la selección no es solo una cuestión de identidad. Es una decisión estratégica.
Es apostar al trabajo nacional.
Es generar demanda.
Es abrir puertas.
Y, sobre todo, es estar a la altura de lo que el momento exige. Porque cuando el mundo mira a la Argentina, lo mínimo que deberíamos hacer es mostrar lo que somos capaces de producir.

